
He descrito a la criatura como un octópodo, pero no se trataba de un pulpo. Qué era exactamente, no lo sabía; su aspecto sugería un cuerpo mucho más largo y una forma distinta a la de cualquier pulpo, y sus apéndices tentaculares no partían solamente de su cara, del lugar que deberían ocupar las fosas nasales -un poco como aparece en la escultura de Smith Dios Arquetípico-, sino que arrancaban también de los flancos y del centro de su cuerpo. Los dos apéndices que salían de su rostro eran claramente prensiles y estaban esculpidos en actitud de lanzarse hacia fuera, como si estuviesen a punto de agarrar, o agarrando algo. Justo encima de estos dos tentáculos tenía unos ojos hundidos, tallados con una extraña destreza, ya que transmitían la impresión de una perturbadora maldad. En su base había inscrita una frase en un idioma desconocido:
Ph'nglui mglw'nafh Cthulhu R'lyeh wgah'nagl fhtagn.
No conocía la clase de madera en la que estaba tallada, pero era anormalmente pesada y tenía un color marrón oscuro; era madera casi negra, con un veteado en espiral que nunca había visto. Aunque era mayor de lo que yo tenía pensado regalar a Jason Wecter, supe que le gustaría. ¿De dónde provenía?, le pregunté al flemático hombrecillo que había tras el mostrador atestado de objetos.
Se echó las gafas hacia arriba y me dijo que todo lo que podía contarme era que procedía del Atlántico.
Fragmento del relato Una talla en madera, de August Derleth, nacido el 24 de febrero de 1909.
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