sábado, agosto 12, 2006

Thomas Mann

En lo que se refiere al valle invernal, cubierto de una espesa capa de nieve, al que Hans Castorp, tendido cómodamente en su chaise-longue, había dirigido preguntas trascendentales, quedó mudo, lo mismo que los picos, las cimas, las vertientes y los bosques oscuros, verdes y rojizos, inmóviles en la duración, unas veces resplandecientes en el azul profundo, otras envueltos en brumas en el fluir silencioso del tiempo terrestre, unas enrojecidos bajo el sol que los abandonaba, otras con un duro resplandor de diamante en la magia de la luna. Estaban siempre cubiertos de nieve, y todos los pensionistas declaraban que ya no podían soportar aquella nieve, almohadones de nieve, vertientes de nieve, todo eso sobrepasa las fuerzas humanas, era mortal para el espíritu y el corazón. Y se ponían antiparras de color, para defender los ojos, pero mucho más para defender su corazón.
¿Hacía verdaderamente seis meses que el valle y las montañas estaban cubiertos de nieve? ¡Ya hacía siete! El tiempo pasa mientras nosotros referimos la historia, nuestro tiempo propio, el que consagramos a esta historia, pero también el tiempo profundamente anterior de Hans Castorp y sus compañeros de infortunio, allá arriba en la nieve, y el tiempo sigue produciendo cambios.

Fragmento de La montaña mágica, de Thomas Mann, fallecido el 12 de agosto de 1955.
El 12 de agosto de 1827 fallecía William Blake
Comentarios

jueves, agosto 10, 2006

Jorge Amado

Hasta hoy persiste cierta confusión en torno de la muerte de Quincas Berro Dágua. Dudas por explicar, detalles absurdos, contradicciones en las declaraciones de los testigos. lagunas diversas. No hay claridad sobre hora, lugar y últimas palabras. La familia, apoyada por vecinos y conocidos, se mantiene intransigentemente en la versión de la tranquila muerte matinal, sin testigos, sin boato y sin palabras, acaecida veinte horas antes de aquella otra propalada y comentada muerte en la agonía de la noche, cuando la Luna se deshizo sobre el mar y acontecimientos misteriosos ocurrieron en los muelles de Bahía.
Escuchadas, sin embargo, por testigos idóneos, ampliamente comentadas en las laderas y en las callejuelas recónditas, las últimas palabras, repetidas de boca en boca, representaron, en la opinión de aquella gente, más que una simple despedida del mundo un testimonio profético, un mensaje de profundo contenido (como escribiría algún joven autor de nuestro tiempo).
Hubo testigos idóneos, como Mestre Manuel y Quitéria Ojo Asombrado, mujer de palabra; y a pesar de eso hay quien niega toda autenticidad no sólo a la admirada frase póstuma sino también a todos los acontecimientos de aquella noche memorable, cuando en hora dudosa y condiciones discutibles, Quincas Berro Dágua se zambulló en el mar de Bahía y partió para nunca más volver.

Fragmento de La muerte y la muerte de Quincas Berro Dágua, de Jorge Amado, nacido el 10 de agosto de 1912.
El 10 de agosto de 1878 nacía Alfred Döblin
Comentarios

miércoles, agosto 09, 2006

José Lezama Lima

Habían acudido los trescientos treinta y tres jóvenes estoicos para cerrar el curso con el suicidio colectivo. Existía en el centro de la plaza pública un cuadrado de rigurosas llamas, donde los jóvenes se iban lanzando como si se zambullesen en una piscina. El fuego actuaba con silencio y el cuerpo se adelantaba silenciosamente. Esa decisión e imposibilidad de traición, ninguno de los jóvenes transparentes habían faltado, únicamente podía haber sido alcanzada por las pandillas diseminadas de estoicos contemporáneos. Aun en el San Mauricio el Greco, lo que se muestra es patente: se espera la muerte, no se va hacia la muerte, no se prolonga el paseo hasta la muerte. Solamente los estoicos contemporáneos podían mostrar esa calidad; ningún traidor, ningún joven vividor y apresurado había corrido para indicarle al Rey que los jóvenes que él utilizaba para la guerra iban con pasos cautelosos a hacer sus propios ofrecimientos con su propio cuerpo ante el fuego.
Las lecciones de los últimos estoicos transcurrían visiblemente en el jardín. Sus cautelas, sus frases lentas, los mantenía para los curiosos alejados de cualquier decisión turbulenta. Muy cerca, en sótanos acerados, una banda de conservadores chinos, en combinación con unos falsificadores de diamantes de Glasgow, había fundado la sociedad secreta El arcoiris ametrallado. En el fondo, ni eran conservadores chinos ni falsificadores de diamantes. Era esa la disculpa para reunirse en el sótano, ya que por la noche iban a los sitios más concurridos del violín, la droga y el préstamo.

Fragmento del relato Para un final presto, de José Lezama Lima, fallecido el 9 de agosto de 1976.
El 9 de agosto de 1962 fallecía Hermann Hesse
Comentarios

martes, agosto 08, 2006

Jostein Gaarder

Una piedra rodó por un montículo y bajó a mucha velocidad por la vertiente entre los pinos. El bosque era tan tupido en ese lugar que Sofía apenas veía un par de metros entre los árboles.
De repente, vio algo que brillaba entre los troncos de los pinos. Tenía que ser una laguna.
El sendero iba en dirección contraria, pero Sofía se metió entre los árboles. No sabía exactamente por qué, pero sus pies la llevaban.
La laguna no era mucho mayor que un estadio de fútbol. Enfrente, al otro lado, descubrió una cabaña pintada de rojo en un pequeño claro del bosque, enmarcado por troncos blancos de abedul. Por la chimenea subía un humo fino.
Sofía se acercó hasta el borde del agua. Todo estaba muy mojado, pero pronto vio una barca de remos, que estaba medio varada en la orilla. Dentro de la barca había un par de remos.
Sofía miró a su alrededor. De todos modos, sería imposible rodear la laguna y llegar a la cabaña roja con los pies secos. Se acercó decidida a la barca y la empujo al agua.
Luego se metió dentro, colocó los remos en las horquillas y empezó a remar. Pronto alcanzó la otra orilla. Atracó e intentó llevarse la barca. Este terreno era mucho mas accidentado que la orilla que acababa de dejar.
Miró hacia atrás una sola vez, y se acercó a la cabaña.

Fragmento de la novela El mundo de Sofía, de Jostein Gaarder, nacido el 8 de agosto de 1952.
El 8 de agosto de 1919 nacía Óscar Hurtado
Comentarios

lunes, agosto 07, 2006

Nancy Morejón

Cuando miro hacia atrás
y veo tantos negros,
cuando miro hacia arriba
o hacia abajo
y son negros los que veo
qué alegría vernos tantos
cuántos;
y por ahí nos llaman minorías
y sin embargo
nos sigo viendo
Esto es lo que dignifica nuestra lucha
ir por el mundo y seguirnos viendo,
en Universidades y Favelas
en Subterráneos y Rascacielos,
entre giros y mutaciones
barriendo mierda
pariendo versos.

Cimarrones, poema de Nancy Morejón, nacida en La Habana el 7 de agosto de 1944.
El 7 de agosto de 1941 fallecía Rabindranath Tagore

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...