
Después de todo, hay que matar el tiempo. Son jóvenes y robustos, todavía tienen para unos treinta años. Entonces no se dan prisa, se demoran y no están equivocados. Cuando se hayan acostado juntos, habrá que buscar otra cosa para ocultar el enorme absurdo de la existencia. Con todo... ¿es absolutamente necesario engañarse?
Recorro la sala con la vista. ¡Qué farsa! Todas esas personas están sentadas con aire de seriedad; comen. No, no comen: reparan sus fuerzas para llevar a cabo la tarea que les incumbe. Cada una tiene su pequeño empecinamiento personal que le impide darse cuenta de que existe; no hay una que no se crea indispensable para alguien o para algo.
Fragmento de La náusea, de Jean-Paul Sartre, fallecido el 15 de abril de 1980.
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