martes, agosto 25, 2015

LA MANO EN LA PALABRA (Poetas con Ruth Ana López Calderón)


LA MANO EN LA PALABRA (Poetas con Ruth Ana López Calderón)

Ya está publicado el libro LA MANO EN LA PALABRA (Poetas con Ruth Ana López Calderón), que incluye textos de excelentes poetas de todo el ámbito latinoamericano y en cuya confección he tenido el honor de intervenir.

Se puede adquirir en el siguiente link: LA MANO EN LA PALABRA  (versión papel)

y también la versión en formato Kindle en La mano en la palabra  (versión EBOOK)

Rogamos la mayor difusión posible.
Muchas gracias por colaborar con esta iniciativa.

domingo, noviembre 22, 2009

Versos sin bandera


Ediciones Tusitala publica Versos sin bandera, antología poética donde participan veinte poetas de Colombia y España. El libro, de precio reducido, se puede adquirir a través de la página de Tusitala.

Los poetas participantes:

Adelnide Giraldo
Alberto García-Teresa
Ángel Padilla
Blanca Libia Herrera Chaves
David Jasso
Fernando Sarría Abadía
Gonzalo Escalante Arias
HoracioVé Giraldo Rivera
Ignacio Rodríguez Montealegre
Isabel Pérez Montalbán
Jesús Castillo
Luis Dionis Minguillón
Luis Eduardo Londoño Cardona
Luis San Andrés Malo
María Ángeles Maeso
Mauricio Polanía Torres
Nelly Arias de Ossa
Ómar García Ramírez
Óscar Bribián Luna
Sergio Borao Llop

En fechas recientes, Tusitala también ha editado el nº 7 de la revista Sable, así como Íncubo, un libro de relatos en italiano.

miércoles, septiembre 17, 2008

La explanada


Por la tarde, mientras nuestros padres iban perdiendo la vida en el barullo de los destajos y de las horas extras, mientras nuestras madres fatigaban sus espaldas haciendo cualquier clase de faenas en casas ajenas o remendaban con fervor los ya remendados harapos que nos servían de vestimenta, nosotros, sus amados hijos, nacidos por quién sabe qué incomprensible razón, deambulábamos aburridos por las calles, hastiados del tedio familiar, de la repetición constante de gestos, conversaciones, reconvenciones y silencios que formaban una interminable serie de secuencias idénticas. Recorríamos sin mayor convicción las angostas callejas del Barrio o las anchas y relucientes avenidas de la zona residencial cercana, repletas de deslumbrantes rótulos de neón y de gigantescos escaparates llenos de aquellos juguetes tan lindos y tan caros que, por inalcanzables, nos hundían aun más en nuestra indeseada condición de niños pobres, de escoria social largamente marginada.

Nuestro Barrio era el más humilde de toda la ciudad. Vivíamos en casas de cuatro o cinco pisos, mal iluminadas, contaminadas por un extraño olor cuya procedencia nadie conocía y que nunca terminaba de desaparecer. Algunas de ellas presentaban tales signos de deterioro que a nadie hubiese sorprendido su repentino desmoronamiento. Pero nosotros, niños, en nuestra alevosa inocencia, no nos percatábamos de lo penoso de nuestra situación. Teníamos un techo, comida y cariño. Eso nos bastaba. Era casi el paraíso para nosotros que todos los días presenciábamos, al caer la tarde, a todas esas gentes que se hacinaban en chabolas hechas de cartón, hojalata y barro, o en el mejor de los casos, con maderas procedentes de muebles viejos, a menudo podridas, arrebatadas al camión de la basura.

Cuento completo en Letralia

miércoles, septiembre 19, 2007

miércoles, septiembre 05, 2007

jueves, abril 12, 2007

Inca Garcilaso de la Vega

Las pelotas de alambre (para los que no las han visto) se hacen en el mismo molde que las comunes; toman una cuarta o una tercia de hilo de hierro, y a cada cabo del hilo hacen un garabatillo como un anzuelo pequeño, y ponen el un cabo del hilo en el un medio molde, y el otro en el otro medio; y para dividir los medios moldes ponen en medio un pedazo de una hoja de cobre o de hierro delgado como papel, luego echan el plomo derretido, el cual se encorpora con los garabatillos del hilo de hierro, y sale de pelota en dos medios divididos, asidos al hilo de hierro. Para echarlos en el arcabuz los juntan como si fuera pelota entera; y al salir del arcabuz se apartan, y con el hilo de hierro que llevan en medio cortan cuanto por delante topan. Por este cortar mandaron tirar a las picas, como lo dicen los historiadores; porque con las pelotas comunes no pudieran quebrar tantas picas como quebraron. No tiraron a los piqueros por no hacer tanto daño en ellos; quisieron mostrar a sus contrarios la ventaja que en los arcabuces les tenían.
Esta invención de pelotas llevó de Flandes al Perú el capitán Pedro de Vergara con los arcabuces que allá pasó. Yo alcancé en mi tierra algunas dellas, y en España las he visto y las he hecho, y allá conocí un caballero que se decía Alonso de Loaya, natural de Trujillo, que salió de aquella batalla herido de una pelota destas, que lo cortó la quijada baja con todos los dientes bajos y parte de las muelas; fue padre de Francisco de Loaya, que hoy vive en el Cozco, uno de los pocos hijos de conquistadores que gozan de los repartimientos de sus padres. La invención de las pelotas de alambre debieron de sacar de ver echar los pedazos de cadena que echan en las piezas de artillería para que hagan más daños en los enemigos.

Fragmento de los Comentarios reales, del Inca Garcilaso de la Vega, nacido el 12 de abril de 1539.

miércoles, abril 11, 2007

Jacques Prévert

Las flores los jardines las fuentes las sonrisas
Y los placeres de la vida
Un hombre está caído y bañado en su sangre
Los recuerdos las flores las fuentes los jardines
Los sueños infantiles
Un hombre está caído como un fardo sangrante
Las flores las fuentes los jardines los recuerdos
Y los placeres de la vida
Un hombre está caído como un niño que duerme.

El fusilado, poema de Jacques Prévert, fallecido el 11 de abril de 1977.
El 11 de abril de 1884 nacía León Felipe
El 11 de abril de 1987 fallecía Primo Levi

martes, abril 10, 2007

Lewis Wallace

Cuando las naves de los futuros combatientes estuvieron frente a frente, Arrio ordenó a sus hombres que se mantuvieran alerta. Una gran actividad se apoderó de los marineros, mientras los esclavos les observaban en silencio. Atados con cadenas a los bancos, sabían que la suerte de la nave era la suya. Si ésta se hundía, ellos se hundirían también.
Un sordo rumor de remos llamó la atención de Ben- Hur. La galera se balanceó y de repente se produjo un violento choque. Los hombres cayeron al suelo, escuchándose gritos de horror. El judío notó que bajo sus pies se quebraba algo. De cubierta llegó un clamor de triunfo: el espolón romano había triunfado. La lucha prosiguió sin pausa y los marineros descendían para coger grandes pedazos de estopa que lanzaban encendidos contra las embarcaciones enemigas.
La galera se detuvo de pronto. Se oyeron pasos apresurados, gritos y el crujido de dos naves dispuestas al abordaje. Habían abordado el navío romano. Los cuerpos de los bárbaros enemigos empezaron a descender sin vida hasta el lugar ocupado por los remeros, que obedecían sin descanso las órdenes del portador. Ben-Hur se estremeció de terror. Si el tribuno moría en la batalla, perdería la posibilidad de buscar a su madre y a su hermana.
Mientras estaba sumido en estas reflexiones, una fuerte oleada penetró en la bodega de la nave y le arrastró hacia afuera, con restos de maderas y otros residuos.

Fragmento de la novela Ben-Hur, de Lewis Wallace, nacido el 10 de abril de 1827.
El 10 de abril de 1931 fallecía Gibran Khalil Gibran
El 10 de abril de 1966 fallecía Evelyn Waugh
El 9 de abril de 1821 nacía Charles Baudelaire

domingo, abril 08, 2007

Alberto Hernández

El lugar de donde vengo es un momento
que quedó en la memoria
...........................y se esfuma de tanto nombrarlo.
Siento mi extranjero en la niñez,
odiado por los más cercanos:

por eso huyo a diario,
discurro por las calles de esta ciudad extraña para mí.

Despierto con el día,
pero es el silencio el que conoce mi nueva lengua.

Extraño, poema de Alberto Hernández.
(Del libro inédito Los ejercicios de la ofensa)

El 8 de abril de 1911 nacía Émile Michel Cioran
El 8 de abril de 1928 fallecía Roberto Jorge Payró

sábado, abril 07, 2007

William Wordsworth

Caían, más oscuras, las sombras del ocaso;
se alcanzó el deseado punto: mas a una hora
en que poco podía ganarse en la riqueza
de perspectiva, tan celebrada por muchos.

Pero el oeste ardiente, con poder asombroso
nos saludaba: había allí una ciudadela
india, un templo de Grecia, un monasterio irguiendo
su torre, ¡un sitio como para que una campana

sonase, o un reloj! Y había muchas islas
tentadoras, con cuevas no imaginadas, firmes
en alta mar, objetos de éxtasis silencioso

para los ojos; pero sentíamos, a un tiempo,
que olvidarlos debíamos: son tan sólo del cielo
y de nuestra memoria terrenal se disipan.

Soneto de William Wordsworth, nacido el 7 de abril de 1770.
El 6 de abril de 1889 nacía Gabriela Mistral
El 6 de abril de 1992 fallecía Isaac Asimov
El 7 de abril de 2004 en Al_Andar...
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