martes, abril 10, 2007

Lewis Wallace

Cuando las naves de los futuros combatientes estuvieron frente a frente, Arrio ordenó a sus hombres que se mantuvieran alerta. Una gran actividad se apoderó de los marineros, mientras los esclavos les observaban en silencio. Atados con cadenas a los bancos, sabían que la suerte de la nave era la suya. Si ésta se hundía, ellos se hundirían también.
Un sordo rumor de remos llamó la atención de Ben- Hur. La galera se balanceó y de repente se produjo un violento choque. Los hombres cayeron al suelo, escuchándose gritos de horror. El judío notó que bajo sus pies se quebraba algo. De cubierta llegó un clamor de triunfo: el espolón romano había triunfado. La lucha prosiguió sin pausa y los marineros descendían para coger grandes pedazos de estopa que lanzaban encendidos contra las embarcaciones enemigas.
La galera se detuvo de pronto. Se oyeron pasos apresurados, gritos y el crujido de dos naves dispuestas al abordaje. Habían abordado el navío romano. Los cuerpos de los bárbaros enemigos empezaron a descender sin vida hasta el lugar ocupado por los remeros, que obedecían sin descanso las órdenes del portador. Ben-Hur se estremeció de terror. Si el tribuno moría en la batalla, perdería la posibilidad de buscar a su madre y a su hermana.
Mientras estaba sumido en estas reflexiones, una fuerte oleada penetró en la bodega de la nave y le arrastró hacia afuera, con restos de maderas y otros residuos.

Fragmento de la novela Ben-Hur, de Lewis Wallace, nacido el 10 de abril de 1827.
El 10 de abril de 1931 fallecía Gibran Khalil Gibran
El 10 de abril de 1966 fallecía Evelyn Waugh
El 9 de abril de 1821 nacía Charles Baudelaire

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