jueves, mayo 18, 2006

Zahatopolk

El profesor Driuzdustades había explicado que la identificación de la novia con la luna no debía entenderse literalmente, sino solamente a modo de bella alegoría. Una mañana, un pensamiento terrible asaltó a Diotima: «¿Por qué, si la unión no es más que alegórica, no puede serlo también la práctica canibalesca? ¿Por qué no podía sustituir un muñeco de pastelería a la novia viviente?» El carácter blasfemo de este pensamiento la heló completamente de terror, se estremeció y se puso lívida. Thomas, que estaba presente, inquirió acerca de tal reacción, pero el pensamiento había pasado fugitivamente y ella no consideró prudente revelarlo. Otras dudas la asaltaban también. En la biblioteca de la universidad halló un viejo volumen polvoriento que, con toda evidencia, no había sido hollado durante un muy dilatado espacio de tiempo. Contenía las más curiosas especulaciones acerca de los siglos oscuros, antes del advenimiento del sagrado Zahatopolk. No pudo resistir la conmoción que le producía su enorme antigüedad, pues algunas de aquéllas eran, incluso, anteriores al advenimiento de la era greco-judaica. En algunos de aquellos escritos encontró una doctrina según la cual las simpatías de un hombre no debían limitarse exclusivamente a los individuos de su propia raza, sino extenderse al conjunto de las razas humanas. Descubrió también que, en tiempos remotos, hombres que no habían sido rojos habían alumbrado pensamientos y pronunciado palabras que le parecían por lo menos tan profundos como cualquiera de los producidos durante la era zahatopolkiana.

Fragmento de la narración Zahatopolk, de Bertrand Russell, nacido el 18 de mayo de 1872.
El 18 de mayo de 1048 nacía Omar Khayyam, autor de las Rubaiyyat

miércoles, mayo 17, 2006

Los Judas de Jesús

Misterioso por sí mismo, y viéndose perdido en medio del universo, el hombre procura tomar posesión de este universo por el pensamiento y descubrir una explicación de su propia naturaleza y del mundo. Se esfuerza también en regular por esa explicación sus actos individuales y colectivos para armonizarlos, en lo posible, con sus intereses vitales.
La filosofía y los dogmas religiosos le han conferido diversos grandes designios, de un conjunto del que la experiencia y la esencia no le ofrecen más que fragmentos.
La historia del espíritu humano, en el plano teológico, es nublada por la guerra sostenida entre dos "principios" diametralmente opuestos: la fe y la razón, y llena de esfuerzos hechos por los abogados de las concepciones absurdas, en el sentido integral de la palabra, para dar a su lucha contra la razón apariencias razonables.
Los hombres poseen medios inherentes a su naturaleza de comprobar la realidad sensible y de establecer la verdad.

Fragmento de la obra Los Judas de Jesús, de Henri Barbusse, nacido en Asnières-sur-Seine el 17 de mayo de 1873
El 17 de mayo de 1889 nacía Alfonso Reyes

martes, mayo 16, 2006

Juan Rulfo

Eran los días en que todo se ponía de otro modo aquí entre nosotros. La gente sacaba de las cuevas del monte sus animalitos y los traía a amarrar en sus corrales. Entonces se sabía que había borregos y guajolotes. Y era fácil ver cuántos montones de maíz y de calabazas amarillas amanecían asoleándose en los patios. El viento que atravesaba los cerros era más frío que otras veces; pero, no se sabía por que, todos allí decían que hacía muy buen tiempo. Y uno oía en la madrugada que cantaban los gallos como en cualquier lugar tranquilo, y aquello parecía como si siempre hubiera habido paz en la Cuesta de las Comadres.
Luego volvían los Torricos. Avisaban que venían desde antes que llegaran, porque sus perros salían a la carrera y no paraban de ladrar hasta encontrarlos. Y nada más por los ladridos todos calculaban la distancia y el rumbo por donde irían a llegar. Entonces la gente se apuraba a esconder otra vez sus cosas. Siempre fue así el miedo que traían los difuntos Torricos cada vez que regresaban a la Cuesta de las Comadres.

Fragmento del relato La Cuesta de las Comadres, de Juan Rulfo, nacido el 16 de mayo de 1917

En Solo Literatura se puede descargar Pedro Páramo
El 16 de mayo de 1906 nacía Arturo Uslar Pietri
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lunes, mayo 15, 2006

Tinieblas egipcias

¿Dónde se ha metido todo el mundo el día de mi cumpleaños? ¿Dónde están los faroles eléctricos de Moscú? ¿La gente? ¿El cielo? ¡Detrás de las ventanas no hay nada! Tinieblas...
Estamos aislados de la gente. Los primeros faroles de petróleo se encuentran a nueve verstas de nosotros, en la estación del ferrocarril. Seguramente allí parpadea un farolillo que poco a poco se extingue a causa de la tormenta. A medianoche pasará aullando el tren rápido que va a Moscú y ni siquiera se detendrá: no le hace falta una estación olvidada, sepultada bajo la nieve. Apenas la registrará...
Los primeros faroles eléctricos están a cuarenta verstas, en la capital del distrito. Allí la vida es dulce. Hay un cine, almacenes. Al mismo tiempo, mientras la tormenta aquí aúlla y deja caer la nieve sobre los campos, en la pantalla flota una caña, se mecen las palmeras, parpadea una isla tropical...
Nosotros estamos solos.

Fragmento del relato Tinieblas egipcias, de Mijaíl Bulgákov, nacido en Kiev el 15 de mayo de 1891
El 15 de mayo de 1950 nacía Ana Rossetti
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domingo, mayo 14, 2006

Carlos Barbarito

Borges considera a Buenos Aires tan eterna como el aire y como el agua. ¿Decir cosa diferente de París, de Roma, de Benarés, de Cádiz? No, da la impresión de que estas ciudades, y algunas otras diseminadas por la tierra, siempre estuvieron donde están, situadas en un eterno presente, sin pasado fundacional ni futuro bajo las llamas o la arena. Cada uno de nosotros tiene, en su mente, una París, una Roma, una Buenos Aires personal, intransferible. No importa si uno nació o no en la ciudad, si anduvo alguna vez por sus calles o no, la ciudad soñada o imaginada no es menos cierta, menos auténtica que la ciudad real, de piedra. No recuerdo con exactitud la primera vez que supe que había en el mundo un lugar llamado París. A veces pienso que siempre lo supe, como siempre supe que había una Benarés, una Roma, un Buenos Aires. Me recuerdo en mi vieja casa de infancia, en las tardes de lluvia y relámpagos, leyendo atlas geográficos llenos de nombres que me emocionaban: Timboctú, El Cairo, Calcuta, Terranova, Adén, París... Por ese entonces jamás había salido de mi Pergamino natal, incluso nunca había estado en algunos de sus barrios. Pero cada lectura significaba para mí estar allí, en esas islas, naciones o ciudades, dejar mis huellas en ellas, mezclarme entre sus gentes o bestias. Mi París es esa de la que hablaban los ajados y gruesos libros de mi niñez, el escenario de las novelas de ambos Dumas, de Sue, de Balzac, de las películas de Clair, de Renoir, diversos materiales que se funden con la París que transité durante varios días hace ya dos décadas.

Fragmento del texto La París de Lucy Barbosa, del escritor argentino Carlos Barbarito. Del libro Cosiéndole alas a un lagarto muerto y otros escritos sobre arte y literatura, que puede descargarse aquí

El 14 de mayo de 1912 fallecía el escritor sueco Johan August Strindberg

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