viernes, agosto 18, 2006

El Coronel Chabert

El estudio tenía, por todo adorno, esos grandes carteles amarillos que anuncian los embargos de inmuebles, las ventas, los litigios entre mayores y menores, las adjudicaciones definitivas o preparatorias, toda la gloria, en fin, de los estudios. Detrás del primer pasante había una enorme estantería que cubría la pared de arriba abajo, y cada uno de cuyos compartimientos estaba lleno de protocolos, de los cuales pendía un número infinito de etiquetas y de cabos de hilo rojo, que daban un aspecto especial a todos aquellos expedientes. Los compartimientos inferiores de la estantería estaban llenos de cartones, amarillos por el uso, ribeteados de papel azul, y en los cuales se leían los nombres de los grandes clientes, cuyos sabrosos asuntos se resolvían en aquel momento. Los sucios cristales de la ventana dejaban pasar poca luz. Por otra parte, en París existen pocos estudios donde se pueda escribir sin el auxilio de una lámpara en el mes de febrero antes de las diez: todo el mundo va allí, nadie permanece, y ningún interés personal está unido a lo que ya de por sí es tan trivial; ni el procurador, ni los clientes, ni los pasantes se preocupan de la elegancia de un lugar que para los unos es una clase, para los otros un pasaje y para el amo un laboratorio.

Fragmento de El Coronel Chabert, de Honoré de Balzac, fallecido el 18 de agosto de 1850.
El 18 agosto de 1912 nacía Elsa Morante
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jueves, agosto 17, 2006

Oliverio Girondo

¿Por qué bajas los párpados?

Ya sé que estás desnudo,
pero puedes mirarme con los ojos tranquilos.
Los días nos enseñan que la fealdad no existe.

Tu vientre de canónigo
y tus manos reumáticas,
no impiden que te pases la noche en los pantanos,
mirando las estrellas,
mientras cantas y oficias tus misas gregorianas.

Frecuenta cuanto quieras el farol y el alero.
Me entretiene tu gula
y tu supervivencia entre seres recientes:
“parvenus” de la tierra.

Pero has de perdonarme
si no te doy la mano.
Tú tienes sangre fría.
Yo, demasiada fiebre.

Ruiseñor del lodo, poema de Oliverio Girondo, nacido el 17 de agosto de 1891.

miércoles, agosto 16, 2006

La ciudad y las sierras

Ya por la tarde, después de la siesta, fuimos a pasear por los revueltos caminos de aquella rica hacienda que, en el espacio de dos leguas, ondula por el valle y la montaña. No había vuelto a encontrarme con Jacinto en medio de la naturaleza desde aquel remoto día en que tan mala impresión le hizo el social y urbano bosque de Montmorency. Pero ahora, ¡con qué seguridad y amor idílico se movía por entre aquella naturaleza, de la que tanto tiempo le habían mantenido lejos la teoría y el hábito! Ya no recelaba de la mortal humedad de los musgos; ni rechazaba, como impertinente, el roce de los retoños; ni le inquietaba el silencio de las alturas como un sumirse del universo. Con verdadera delicia, con un sentimiento aquietado de estabilidad recuperada, enterraba los enormes zapatos en los blancos terrones como un elemento paterno y natural; dejaba, sin razón alguna, los caminos fáciles y se perdía a través de los arbustos enmarañados para recibir sobre la cara la caricia de las hojas tiernas; quedábase inmóvil sobre los oteros conteniendo mis gestos y casi deteniéndome el aliento para embeberse en el silencio y la paz; y dos veces le sorprendí, atento y sonriendo, a orillas de un riachuelo parlanchín, como si escuchara una confidencia...
Filosofaba luego sin cesar con el entusíasmo de un convertido ávido de convertir.

Fragmento de la novela La ciudad y las sierras, de José Maria Eça de Queiroz, fallecido el 16 de agosto de 1900.
El 16 de agosto de 1899 nacía Salvador Reyes
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lunes, agosto 14, 2006

Bertolt Brecht

Tras oír a alguien, en una reunión, calificar de natural el instinto de propiedad, el señor K. contó la siguiente historia de un pueblo que siempre se ha dedicado a la pesca: «En la parte sur de Islandia vive un pueblo de pescadores que han dividido el mar que baña su costa mediante boyas firmemente ancladas y se han repartido las parcelas resultantes. Esos hombres están tremendamente apegados a sus campos marinos, que consideran de su exclusiva propiedad. Se sienten vinculados por lazos profundos a esos campos, a los que no renunciarían aunque en ellos no quedase un solo pez. Desprecian a los habitantes de los puertos próximos, a quienes venden su pesca, pues los consideran una raza superficial y totalmente alejada de la naturaleza. Se autocalifican de "fieles al agua". Cuando capturan peces de gran tamaño, los conservan en tinajas, les dan nombres y los convierten en objetos de su propiedad. Parece ser que desde hace algún tiempo les va mal económicamente, pero rechazan con resolución cualquier intento de reforma, hasta el punto de que han derribado ya varios gobiernos que intentaron violar sus costumbres. Estos pescadores constituyen una prueba irrefutable del poder del instinto de propiedad, al que el hombre está sometido por naturaleza.

El instinto natural de propiedad, texto de Bertolt Brecht, fallecido el 14 de agosto de 1956.
El 14 de agosto de 2004 fallecía Czeslaw Milosz
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domingo, agosto 13, 2006

Julien Green

Haworth, en Yorkshire, es una aldea melancólica situada en una de las provincias más tristes de Inglaterra. Sus casas bajas tienen ese aire retraído y hosco que encontramos en los campesinos de la región; apiñadas alrededor de una iglesia de torre cuadrada, coronan una pequeña colina y dan a esta elevación el aspecto severo de una fortaleza.
El lugar más ingrato de Haworth es desde luego el presbiterio, que no se ha dudado en construir al borde de un numeroso cementerio. Por los dos lados de la casa gris, cae la mirada inevitable sobre las losas furierarias, y los ojos ejercitados de sus habitantes podrían casi leer las inscripciones, tan próximas están de las ventanas.
Hace falta un alma estoica para vivir allí, un espíritu tranquilo que retenga la imaginación y que no se conmueve ni por el doblar de las campanas, ni por las lúgubres procesiones que se ven desde las habitaciones. Esta alma fuerte y dueña de sus emociones la habían recibido de su padre (y buena falta les hacía), los hijos del reverendo Patrick Brontë.
Patrick Brontë tenía treinta y tres años cuando fue designado pastor de Haworth. Era un irlandés de rostro regular, de estatura elevada y con algo en la mirada y en el porte que daba la impresión de una fuerza indomable.

Fragmento de un ensayo sobre Charlotte Brontë, de Julien Green, fallecido el 13 de agosto de 1998.
El 13 de agosto de 1946 fallecía Herbert George Wells

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