domingo, agosto 13, 2006

Julien Green

Haworth, en Yorkshire, es una aldea melancólica situada en una de las provincias más tristes de Inglaterra. Sus casas bajas tienen ese aire retraído y hosco que encontramos en los campesinos de la región; apiñadas alrededor de una iglesia de torre cuadrada, coronan una pequeña colina y dan a esta elevación el aspecto severo de una fortaleza.
El lugar más ingrato de Haworth es desde luego el presbiterio, que no se ha dudado en construir al borde de un numeroso cementerio. Por los dos lados de la casa gris, cae la mirada inevitable sobre las losas furierarias, y los ojos ejercitados de sus habitantes podrían casi leer las inscripciones, tan próximas están de las ventanas.
Hace falta un alma estoica para vivir allí, un espíritu tranquilo que retenga la imaginación y que no se conmueve ni por el doblar de las campanas, ni por las lúgubres procesiones que se ven desde las habitaciones. Esta alma fuerte y dueña de sus emociones la habían recibido de su padre (y buena falta les hacía), los hijos del reverendo Patrick Brontë.
Patrick Brontë tenía treinta y tres años cuando fue designado pastor de Haworth. Era un irlandés de rostro regular, de estatura elevada y con algo en la mirada y en el porte que daba la impresión de una fuerza indomable.

Fragmento de un ensayo sobre Charlotte Brontë, de Julien Green, fallecido el 13 de agosto de 1998.
El 13 de agosto de 1946 fallecía Herbert George Wells

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