viernes, agosto 18, 2006

El Coronel Chabert

El estudio tenía, por todo adorno, esos grandes carteles amarillos que anuncian los embargos de inmuebles, las ventas, los litigios entre mayores y menores, las adjudicaciones definitivas o preparatorias, toda la gloria, en fin, de los estudios. Detrás del primer pasante había una enorme estantería que cubría la pared de arriba abajo, y cada uno de cuyos compartimientos estaba lleno de protocolos, de los cuales pendía un número infinito de etiquetas y de cabos de hilo rojo, que daban un aspecto especial a todos aquellos expedientes. Los compartimientos inferiores de la estantería estaban llenos de cartones, amarillos por el uso, ribeteados de papel azul, y en los cuales se leían los nombres de los grandes clientes, cuyos sabrosos asuntos se resolvían en aquel momento. Los sucios cristales de la ventana dejaban pasar poca luz. Por otra parte, en París existen pocos estudios donde se pueda escribir sin el auxilio de una lámpara en el mes de febrero antes de las diez: todo el mundo va allí, nadie permanece, y ningún interés personal está unido a lo que ya de por sí es tan trivial; ni el procurador, ni los clientes, ni los pasantes se preocupan de la elegancia de un lugar que para los unos es una clase, para los otros un pasaje y para el amo un laboratorio.

Fragmento de El Coronel Chabert, de Honoré de Balzac, fallecido el 18 de agosto de 1850.
El 18 agosto de 1912 nacía Elsa Morante
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