viernes, junio 30, 2006

El valle del Issa

Una de las particularidades del valle del Issa es que en él viven más demonios que en otros lugares. Es posible que los sauces carcomidos, los molinos y la maleza de las orillas sean especialmente acogedores para estos seres que se aparecen tan sólo cuando ellos lo desean. Los que lo han visto dicen que el demonio es más bien pequeño, del tamaño de un niño de nueve años, que lleva un frac verde, chorrera, el pelo recogido, medias blancas y que, con la ayuda de unos zapatos de tacón alto, procura ocultar las pezuñas, de las que se avergüenza. Hay que aceptar estas explicaciones con cierta reserva. ¿Quién sabe si los demonios, conocedores de la supersticiosa admiración de la gente por los alemanes -hombres expertos en comercio, investigación y ciencia-, no tratarán de darse importancia vistiéndose como Emmanuel Kant, de Koenigsberg? No en vano, junto al Issa, al que posee una fuerza impura se le llama también el "alemancillo", dando a entender con ello que el demonio es un aliado del progreso. De todos modos, cuesta creer que pudieran vestirse así cada día.

Fragmento de la novela El valle del Issa, del escritor polaco
Czeslaw Milosz, nacido el 30 de junio de 1911.
El 30 de junio de 1939 nacía José Emilio Pacheco
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jueves, junio 29, 2006

Vuelo nocturno

Muy pronto Rivière oirá ese avión: la noche entregará a uno de los tres, cual el mar, con su flujo, su reflujo y sus misterios que deposita en la playa el tesoro que por tanto tiempo ha zarandeado. Más tarde, se recibirán de ella los otros dos.
Entonces, este día habrá terminado. Entonces, las tripulaciones fatigadas, remplazadas por otras de refresco, se irán a dormir. Pero Rivière no tendrá reposo: el correo de Europa, a su vez, le cargará de inquietud. Siempre será así. Siempre. Por primera vez, ese viejo luchador se asombraba de sentirse cansado. La llegada de los aviones no será nunca esa victoria que concluye una guerra, e inicia una era de paz venturosa. Jamás habrá, para él, otra cosa que un paso hecho, precediendo a otros mil pasos semejantes. Le parece a Rivière que, desde largo tiempo, levanta un peso muy grande, con los brazos tendidos: un esfuerzo sin descanso y sin esperanza.

Fragmento de Vuelo nocturno, de Antoine de Saint-Exupéry, nacido en Lyon el 29 de junio de 1900.
El 29 de junio de 1979 fallecía Blas de Otero
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lunes, junio 26, 2006

La estirpe del dragón

En los campos próximos a la casa, Lao Er continuaba buscando a Jade. El sol no se había puesto aún, y sus largos rayos amarillos descansaban como una capa de miel sobre el verdor. Si la joven andaba cerca sería fácil divisar su vestido azul. El trigo había sido segado y el arroz no había medrado aún. Jade no tenía dónde esconderse. Pero, pues no estaba allí, era menester que se hallase en el pueblo. Lao Er pensó rápidamente en qué lugares podría encontrarla. No en la casa de té, adonde sólo iban los hombres. Tampoco con la familia del primo tercero, porque el hijo del primo era de la misma edad que Lao Er y había deseado a Jade por esposa cuando la casamentera andaba buscando buen marido para la joven. Aquel cuarto primo había visto a Jade en la puerta de la casa de su padre, en otro pueblo, y la había amado. Pero Lao Er la había visto antes y amándola también; de tal suerte nació entre los dos mozos un gran odio, que les conducía a buscar todo pretexto de querella. El caso llegó a ser conocido por toda la aldea, y no había quien no tuviese los ojos sobre los dos, a fin de separarlos si se enzarzaban.
La propia Jade no había sabido a cuál de los dos prefería.

Fragmento de La estirpe del dragón, de Pearl S. Buck, nacida en Hillsboro (West Virginia) el 26 de junio de 1892.
El 26 de junio de 1970 fallecía Leopoldo Marechal
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domingo, junio 25, 2006

Michel Foucault

Hay que interrogar ahora al otro bando. Ya no la conciencia de la locura comprometida con los gestos de la segregación, en su rito fijo o en sus interminables debates críticos; sino esta conciencia de la locura que sólo para sí misma juega al juego de la separación, esta conciencia que enuncia al loco y despliega la locura.
Y, para empezar, ¿qué es el loco, portador de su enigmática locura, entre los hombres de razón, entre esos hombres de razón de un siglo XVII aún en sus orígenes? ¿Cómo se le reconoce, al loco, tan fácilmente distinguible un siglo antes con su perfil bien recortado, que hoy debe cubrir con una máscara uniforme tantos rostros distintos? ¿Cómo se le va a designar, sin cometer error, en la proximidad cotidiana que lo mezcla con todos los que no están locos y en la mezcla inextricable de los rasgos de su locura con los signos obstinados de su razón? Preguntas que se plantean el hombre sensato antes que el sabio, el filósofo antes que el médico, todo el grupo atento de los críticos, de los escépticos, de los moralistas.
Médicos y sabios, por su lado, examinan, antes bien, la locura misma, en el espacio natural que ocupa: mal entre las enfermedades, perturbaciones del cuerpo y el alma, fenómeno de la naturaleza que se desarrolla a la vez en la naturaleza y contra ella.

Fragmento de la Historia de la locura en la época clásica, de Michel Foucault, fallecido el 25 de junio de 1984.
El 25 de junio de 1903 nacía George Orwell

viernes, junio 23, 2006

Richard Bach

Los agricultores del Medio Oeste necesitan buenas tierras para prosperar. Los aviadores errabundos también. Deben mantenerse próximos a sus clientes. Deben encontrar campos situados a cien metros del pueblo, campos cubiertos de pasto, o de heno, o de avena, o de trigo segado hasta la altura de la hierba; despejados de vacas inclinadas a roer la tela del fuselaje; próximos a una carretera; con un portón en la cerca para permitir el acceso de la gente; alineados de manera que el avión no tenga que rozar en ningún momento los tejados de las casas; suficientemente llanos para que el avión no se descalabre al rodar a 75 kilómetros por hora; lo bastante grandes para aterrizar y despegar sin peligro en los cálidos y apacibles días de verano; todo esto, contando con la autorización del propietario para volar por allí durante una jornada.
Pensé en ello mientras enfilábamos hacia el norte un sábado por la mañana, el mesías y yo, viendo como los manchones verdes y dorados de la tierra desfilaban serenamente trescientos metros más abajo. El Travel Air de Donald Shimoda rugía junto a mí a la derecha, y su brillante pintura reflejaba los rayos del sol en todas direcciones. Un estupendo avión, pensé, pero demasiado grande para hacer acrobacias con mal tiempo.

Fragmento de Ilusiones, de Richard Bach, nacido en Illinois el 23 de junio de 1929.
El 23 de junio de 1959 fallecía Boris Vian
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