jueves, junio 29, 2006

Vuelo nocturno

Muy pronto Rivière oirá ese avión: la noche entregará a uno de los tres, cual el mar, con su flujo, su reflujo y sus misterios que deposita en la playa el tesoro que por tanto tiempo ha zarandeado. Más tarde, se recibirán de ella los otros dos.
Entonces, este día habrá terminado. Entonces, las tripulaciones fatigadas, remplazadas por otras de refresco, se irán a dormir. Pero Rivière no tendrá reposo: el correo de Europa, a su vez, le cargará de inquietud. Siempre será así. Siempre. Por primera vez, ese viejo luchador se asombraba de sentirse cansado. La llegada de los aviones no será nunca esa victoria que concluye una guerra, e inicia una era de paz venturosa. Jamás habrá, para él, otra cosa que un paso hecho, precediendo a otros mil pasos semejantes. Le parece a Rivière que, desde largo tiempo, levanta un peso muy grande, con los brazos tendidos: un esfuerzo sin descanso y sin esperanza.

Fragmento de Vuelo nocturno, de Antoine de Saint-Exupéry, nacido en Lyon el 29 de junio de 1900.
El 29 de junio de 1979 fallecía Blas de Otero
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