viernes, junio 02, 2006

Max Aub

Es, de pronto. Ya. Surte, rompe las nieblas del blando sueño del amanecer ya tibio. Todo, como estaba; la noche pasó volando, sin huella. Nada sorprende tras el repente del día ya hecho. Al despertar no hay quien lo coja: dándose cuenta ya fue.
Sí, está en la playa: en la casa de la playa.
Lo primero que percibe, es la presión de la sábana en el pulgar de su pie derecho: lo tumba, lo aparta hacia un lado, siente el frescor del lienzo limpio. Extraña la penumbra, hecho a la mayor oscuridad de su cuarto de la ciudad. Las fallebas se hinchan, pegajosas, rezumando resina. El sol, de poco nacido, embija los nudos de la madera de pino de las contraventanas. Sombra caliente. Ahora, despacio, separa la pierna izquierda hasta formar su mayor ángulo con la derecha. La suave temperie de lo inhollado asciende por las pantorrillas, como si atravesara un vado. Entonces, movimiento brusco, da media vuelta a la derecha, se vuelca sobre su costado. Siente su perfil en la almohada, una línea de hilo. Enrique todavía no ha pensado en nada. Cree que no ha pensado en nada. ¿Tiene sueño? Indaga y no se contesta. Cierra los ojos y piensa en lo que va a hacer. No tiene nada que hacer. Mullicie, Euritmia. Se encoge. Se desenrosca en seguida; alarga un brazo y toca el fresco encalado de la pared.
Nada más que lo que él quiera hacer. Placidez. Ocio deleitoso. Balsa de aceite. Da otra vuelta, pasa los brazos bajo la almohada. Se siente envallado por la cama, protegido.

Fragmento de la narración Yo vivo, de Max Aub, nacido en París el 2 de junio de 1903.
El 2 de junio de 1970 fallecía el poeta Giuseppe Ungaretti
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