miércoles, marzo 08, 2006
martes, marzo 07, 2006
La Estación
Salí al aire frío de las calles, abandonando la oscuridad del almacén. Alguien que no reconocí me despidió con un extraño ademán. Recordé confusamente que debía tomar un tren.Pocos días antes me había sido enviada una carta en la que se me recomendaba un viaje. Adjunto venía un billete de ferrocarril, que ahora descansaba sobre la mesilla de la solitaria habitación en la que cada noche me entrego a los despóticos juegos del sueño. No me tomé siquiera la elemental molestia de averiguar quién era el remitente de tan curioso envío, ni busqué en una guía cualquiera el lugar de destino. Pero ¿Quién hubiese vacilado ante un reto semejante? ¿Quién se hubiese resistido a ese instinto que siempre nos lanza hacia lo inesperado con tanta decisión como desprecio ante los posibles peligros? Conjeturé que sólo la cobardía hubiera podido impedir que recogiese el guante que el destino había tenido a bien lanzar contra mi rostro. Y nunca fui cobarde.
Así, poco después de las cinco de la tarde, tras una corta pero intensa siesta, me puse mi único traje (que apenas había utilizado una vez) metí en una maleta adquirida dos días antes mis escasas pertenencias y partí hacia la estación, dejándome azotar por las continuas ráfagas de un viento helado que hería inclemente las esquinas, los árboles, y el tránsito fugaz de los peatones que surcaban con rapidez las avenidas.
Fragmento de La Estación, relato de SBL.
Leer cuento completo.
sábado, marzo 04, 2006
Gogol
Bulba era exageradamente obstinado.Era uno de esos caracteres que solo podían desenvolverse en el siglo XVI, en un rincón salvaje de Europa, cuando toda la Rusia meridional, abandonada de sus príncipes, fue asolada por las incursiones irresistibles de los mongoles; cuando, después de haber perdido su techo y todo abrigo, el hombre buscó un refugio en el valor de la desesperación; cuando sobre las humeantes ruinas de su hogar, en presencia de enemigos vecinos e implacables, se atrevió a edificar de nuevo una morada, conociendo el peligro, pero acostumbrándose a mirarle de frente; cuando, en fin, el carácter pacífico de los eslavos se inflamó en un ardor guerrero, y dio vida a ese arrojo desordenado de la naturaleza rusa que constituyó la sociedad cosaca (kasatchestvo). Entonces todas las márgenes de los ríos, los vados, los desfiladeros y hasta los pantanos se cubrieron de tantos cosacos que nadie los hubiera podido contar, y sus esforzados y valientes enviados pudieron contestar al sultán que deseaba conocer su número: "¿Quién lo sabe? En nuestro país, en la estepa, a cada paso se encuentra un cosaco". Fue aquello una explosión de la fuerza rusa que hicieron brotar del pecho del pueblo los repetidos golpes de la desgracia.
En vez de los antiguos oudély, en vez de las reducidas ciudades pobladas de vasallos cazadores, que se disputaban y vendían los pequeños príncipes, aparecieron pequeñas villas fortificadas, koureni, unidas entre sí por el sentimiento del peligro común y por el odio a los invasores paganos. La historia nos enseña que las luchas perpetuas de los cosacos salvaron a la Europa occidental de la invasión de las salvajes hordas asiáticas que amenazaban inundarla.
Fragmento de Taras Bulba, del escritor ruso Nicolai Gogol, fallecido el 4 de marzo de 1852 en Moscú.
Cuentos de Nicolai Gogol en Ciudad Seva.
El 4 de marzo de 2004 en Al_Andar...
viernes, marzo 03, 2006
Noticias literatura
La web de André Cruchaga (antes El gato con botas) ha cambiado de nombre y de dominio, pasando a denominarse Arte Poética - Rostros y Versos.Arte poética es una Antología de poetas hispanoamericanos en constante expansión, que trata de reunir a las mejores voces de la poesía actual.
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Ya está en la red el número 26 de la revista Almiar (Grupo Margen Cero) correspondiente a febrero 2006, con nuevos relatos, artículos, reportajes, muestras pictóricas y otros contenidos, como la Leñe o Póquer literario.
El 3 de marzo de 2004 en Al_Andar...
Comentariosjueves, marzo 02, 2006
Pablo Armando Fernández
Ante las puertas últimas¿Te acordaras de mí? ¿Recordarás?
Cántame ahora, canta
toda esta larga noche en que zozobro
ante puertas sin límites.
Así, tendido, no podría franquearlas.
Mientras oiga tu voz sentiré que estoy vivo.
No quiero, no quisiera pensar, saber
que sentirás mañana algo en ti muerto:
mi amor, mi cuerpo, su último calor
hundiéndose en el frío y la tiniebla.
(No vayas a asustarte, canta)
Un sueño que ha dejado de soñarse,
un sueño detenido, apagándose.
No temas, canta. La piedra es suave,
mullida como hierba;
suave como tus manos y tu boca.
Canta. Pronto todo será silencio:
tu voz, mi sangre, lo que en mí respira.
¿Te acordarás de mí? ¿Recordarás?
Ante las puertas últimas, del poeta cubano Pablo Armando Fernández, nacido el 2 de marzo de 1930.
El 2 de marzo de 1982 fallecía Philip K. Dick
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