jueves, abril 13, 2006

Samuel Beckett

Esta vez sé adónde voy. No es ya la noche de hace mucho, de hace poco. Ahora se trata de un juego; jugaré. Hasta hoy no supe jugar. Deseaba hacerlo, pero sabía que era imposible. Sin embargo, a menudo lo intenté. Lo alumbraba todo, miraba bien a mi alrededor, me ponía a jugar con lo que veía. Las personas y las cosas sólo piden jugar; algunos animales, también. Empezaba bien: todos venían a mí, contentos de que quisiera jugar con ellos. Si decía: “Ahora necesito un jorobado”, aparecía uno en el acto, orgulloso de la hermosa joroba que justificaba su actuación. Por su mente no cruzaba la idea de que yo pudiera pedirle que se desnudara. Pero yo no tardaba en encontrarme nuevamente solo, sin luz. Por eso renuncié a querer jugar e hice míos para siempre lo informe y lo inarticulado, las hipótesis vanas, la oscuridad, el largo camino a tientas, el escondrijo. Tal es el fundamento del que desde hace casi un siglo no me he, por así decirlo, separado. Ahora esto cambiará; no quiero hacer otra cosa que jugar. No, no voy a empezar con una exageración. Pero desde ahora jugaré durante gran parte del tiempo, la mayor parte, si puedo. Pero quizá no tenga más éxito que antes. Quizá me encuentre abandonado como antes, sin juguetes, sin luz. Entonces jugaré solo, fingiré contemplarme. Me anima el hecho de haber sido capaz de concebir semejante proyecto.

Fragmento de la novela Malone muere, del escritor irlandés Samuel Beckett, nacido en Dublín el 13 de abril de 1906.
El 13 de abril de 1928 nacía en Barcelona José Agustin Goytisolo
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miércoles, abril 12, 2006

Paisaje sin batalla

Al fondo, a la derecha, puede verse un árbol repleto de pájaros callados. Ni un trino, ni un revoloteo, nada. Sólo una multitud de pájaros de ojos inmensamente abiertos, de ojos fijos; pájaros inmóviles y silenciosos como si estuvieran dormidos. Pero no están dormidos, sólo quietos.
Ligeramente más abajo hay una fuente cuyas aguas manan o parecen manar muy lentamente, como lamiendo con incierta voluptuosidad cada piedra, cada matojo de hierba amarillenta, como acariciando sin deseo, sin precipitación, desapasionadamente, el estrecho cauce apenas pronunciado. Sobre la boca del manantial, una pequeña roca parece ir a desprenderse provocando la catástrofe, cegando para siempre el ojo que destila las frescas gotas de agua. Pero sin duda lleva siglos allí, amenazando sin esperanza el tranquilo discurrir del escueto regato sobre la tierra seca.
Más arriba, agazapado en la oscuridad de la roca, un lagarto gris acecha cualquier posible presa disimulándose contra la frialdad de la piedra. Parece alerta y sin embargo, diríase incapaz del menor gesto, como si su inquietante inmovilidad no fuese una excusa sino un fin. Sus ojos miran, sin espanto, hacia el oeste, donde el sol debería estar poniéndose, mas el sol no se ve por parte alguna; sólo el ligero resplandor rojizo que suele acompañar los atardeceres, pero con una tonalidad más pesada, más asfixiante, como un turbio presagio de tormenta... (continúa)
SBL
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martes, abril 11, 2006

Primo Levi

Hay que buscarse otra vez una cuchara y un cuchillo; y sobre todo, y ésta es la circunstancia más grave, se encuentra uno como un intruso en un ambiente desconocido, entre compañeros nunca vistos y hostiles, con jefes cuyo carácter no se conoce y de quienes por consiguiente es difícil defenderse.
La facultad humana de hacerse un hueco, de segregar una corteza, de levantarse alrededor de una frágil barrera defensiva, aun en circunstancias que parecen desesperadas, es asombrosa, y merecería un estudio detenido. Se trata de un precioso trabajo de adaptación, en parte pasivo e inconsciente y en parte activo: de clavar un clavo sobre la litera para colgar los zapatos por la noche; de establecer pactos tácitos de no agresión con los vecinos; de intuir y aceptar las costumbres y las leyes de aquel determinado Kommando y de aquel determinado Block. En virtud de este trabajo, después de algunas semanas, se consigue llegar a cierto equilibrio, a cierto grado de seguridad frente a los imprevistos; uno se ha hecho un nido, el trauma del trasvase ha sido superado.
Mas el hombre que sale del Ka-Be, desnudo y casi siempre insuficientemente restablecido, se siente proyectado en la oscuridad y en el vacío del espacio sideral. Los pantalones se le caen, los zapatos le hacen daño, la camisa no tiene botones. Busca un contacto humano y no encuentra más que espaldas vueltas. Es inerme y vulnerable como un recién nacido, pero a la mañana siguiente tendrá que ir a trabajar.

Fragmento de Si esto es un hombre, del escritor italiano Primo Levi, fallecido el 11 de abril de 1987.
El 11 de abril de 1884 nacía León Felipe

lunes, abril 10, 2006

Helena

Ninguna de las damas de Ratisbona parecía salir de casa más que en encortinadas literas para hacer visitas de calle en calle, o, alguna rara vez, para ir en coche cerrado a alguna de las casas de campo de la orilla del río. Hablaban sin cesar en un latín veloz y lleno de alusiones que parecía tener para ellas más significado que para Helena; se reían sin cesar de chistes que a Helena se le escapaban. Las damas de Ratisbona, sobre quienes imperaba serena e indiferentemente la mujer del gobernador, estaban divididas en dos grupos: las interesadas en asuntos amorosos y las religiosas. A Helena no le eran extrañas las leyes del deseo del hombre; en casa había visto que los cambiantes y exuberantes caprichos de su padre traían cambio tras cambio en el orden de precedencia en el hogar; en sus lecturas había seguido las absurdas transmutaciones del deseo, el incesto, los besos–nubes, las galantes lluvias de monedas y los cisnes y toros de la antigua poesía; pero aquí, en las confidencias susurradas bajo el pórtico, no encontraba parte alguna de su firme y dolorida pasión. También el grupo de damas religiosas la confundían. En su país se honraba a los dioses en sus estaciones; Helena había orado año tras año devotamente y con el alma tranquila ante los altares de su casa y su gente, había recibido con sacrificios el retorno de la primavera, había tratado de aplacar a los poderes de la muerte, había honrado al sol y a la tierra y a la fértil semilla. Pero las damas religiosas de Ratisbona hablaban de citas secretas, consignas, iniciaciones, trances y extraordinarias sensaciones, de asiáticos que flotaban en el aire en habitaciones a media luz, de voces enigmáticas, de estar desnudas en un foso mientras un toro moría desangrándose sobre el enrejado techo.

Fragmento de Helena, del escritor británico Evelyn Waugh, fallecido el 10 de abril de 1966.
El 10 de abril de 1931 fallecía Gibran Khalil Gibran.
El 9 de abril de 1821 nacía en París el poeta Charles Baudelaire.
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sábado, abril 08, 2006

Roberto Payró

Había viajado mucho, recorriendo casi el mundo entero, desde las estepas rusas a las pampas argentinas, desde las grandes ciudades europeas hasta los desiertos africanos, y hablaba diversos idiomas, el francés correctamente, aunque con acento, el castellano, el portugués, y el italiano mezclándolos y confundiéndolos, pero lo bastante para hacerse comprender. El alemán y el irlandés le eran familiares, y sabía, más o menos bien, otras lenguas y dialectos aprendidos en sus largas excursiones.
Debía de ser rico o gozar por lo menos de una situación muy holgada, pues no parecía haberse ocupado nunca de comercio ni de industria, ni de otras maneras de hacer dinero; llevaba un elegante y bien provisto guardarropa, y obsequiaba a menudo, con largueza, a sus nuevas y numerosas relaciones de a bordo, especialmente en las escalas de Vigo y Dakar, donde nos ofreció verdaderos banquetes. En estos casos mostraba una alegría ruidosa, que a mí me parecía forzada, y una afectuosidad que los ingleses no exteriorizan nunca para con los extraños.

Fragmento de la narración Mi compañero de viaje, del escritor argentino Roberto Jorge Payró, fallecido el 8 de abril de 1928.
El 8 de abril de 1973 fallecía el pintor Pablo Picasso
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