viernes, junio 16, 2006

Leopoldo María Panero

Bufón soy y mimo al hombre en esta escalera cerrada
con peces muertos en los peldaños

y una sirena ahogada en mi mano que enseño

mudo a los viandantes pidiendo

como el poeta limosna

mano de la asfixia que acaricia tu mano

en el umbral que me une al hombre

que pasa a la distancia de un corcel

y cándido sella el pacto

sin saber que naufraga en la página virgen
en el vértice de la línea, en la nada

cruel de la rosa demacrada

........................................donde
ni estoy yo ni está el hombre


El loco al que llaman el rey, poema de Leopoldo María Panero, nacido en Madrid el 16 de junio de 1948.

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jueves, junio 15, 2006

Luis Vidales

El viento vira en los aires
sobre la hélice de la hoja.

Nadie ha visto el viento

pero las hojas van señalando su rumbo.

Da tristeza.

Para que el vuelo de las hojas

fuera a su gusto

todas deberían ir provistas
de motorcillos de mariposa.


Las hojas, poema de Luis Vidales, fallecido el 15 de junio de 1990.

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miércoles, junio 14, 2006

Borges

La historia comenzada en Bombay sigue en las tierras bajas de Palanpur, se demora una tarde y una noche en la puerta de piedra de Bikanir, narra la muerte de un astrólogo ciego en un albañal de Benarés, conspira en el palacio multiforme de Katmandú, reza y fornica en el hedor pestilencial de Calcuta, en el Machua Bazar, mira nacer los días en el mar desde una escribanía de Madrás, mira morir las tardes en el mar desde un balcón en el estado de Travancor, vacila y mata en Indaptir y cierra su órbita de leguas y de años en el mismo Bombay, a pocos pasos del jardín de los perros color de luna. El argumento es éste: Un hombre, el estudiante incrédulo y fugitivo que conocemos, cae entre gente de la clase más vil y se acomoda a ellos, en una especie de certamen de infamias. De golpe -con el milagroso espanto de Robinsón ante la huella de un pie humano en la arena- percibe alguna mitigación de esa infamia: una ternura, una exaltación, un silencio, en uno de los hombres aborrecibles. "Fue como si hubiera terciado en el diálogo un interlocutor más complejo." Sabe que el hombre vil que está conversando con él es incapaz de ese momentáneo decoro; de ahí postula que éste ha reflejado a un amigo, o arraigo de un amigo. Repensando el problema, llega a una convicción misteriosa: En algún punto de la tierra hay un hombre de quien procede esa claridad; en algún punto de la tierra está el hombre que es igual a esa claridad. El estudiante resuelve dedicar su vida a encontrarlo.

Fragmento de la narración El acercamiento a Almotásim, de Jorge Luis Borges, fallecido el 14 de junio de 1986

Poemas de Borges en Poesi-as
El 14 de junio de 1936 fallecía Gilbert Keith Chesterton

martes, junio 13, 2006

Pessoa

Leo y soy liberado. Adquiero objetividad. He dejado de ser yo y disperso. Y lo que leo, en vez de ser un traje mío que apenas veo y a veces me pesa, es la gran claridad del mundo exterior, toda ella aparente, el sol que ve a todos, la luna que mancha de sombras al suelo quieto, los espacios anchos que terminan en el mar, la solidez negra de los árboles que hacen señas verdes arriba, la paz sólida de los estanques de las quintas, los caminos cubiertos por las parras, en los declives de las cuestas.
Leo como quien abdica. Y, como la corona y el manto regios nunca son tan grandes como cuando el Rey que parte los deja en el suelo, depongo en los mosaicos de las antecámaras todos mis trofeos del tedio y del sueño, y subo la escalinata con la nobleza única de la mirada.
Leo como quien pasa. Y es en los clásicos, en los calmos, en los que, si sufren, no lo dicen, donde me siento sagrado transeúnte, ungido peregrino, contemplador sin razón del mundo sin propósito, Príncipe del Gran Exilio, que dio, al partir, al último mendigo, la limosna extrema de su desolación.


Fragmento del Libro del desasosiego, de Fernando Pessoa, nacido el 13 de junio de 1888.
El 13 de junio de 1874 nacía Leopoldo Lugones
y el mismo día, en 1910, Gonzalo Torrente Ballester

lunes, junio 12, 2006

El bosque de la noche

La mujer que se presenta al espectador como un cuadro compuesto y acabado es, para la mente contemplativa, el mayor de los peligros. A veces, uno encuentra una mujer que es bestia en trance de hacerse humana. Cada movimiento de esta persona se reducirá a la imagen de una experiencia olvidada, espejismo de una boda eterna proyectado sobre la memoria racial; una alegría tan insoportable como lo sería la visión de un antílope bajando por una arboleda, coronado de azahar, con un velo nupcial y una pata levantada en actitud temerosa, caminando con el pálpito de la carne que se hará mito; al igual que el unicornio no es ni hombre ni animal disminuido sino ansia humana que comprime el pecho contra su presa.
Esa mujer es la portadora de gérmenes del pasado: delante de ella nos duele la estructura de la cabeza y las mandíbulas; nos parece que podríamos comérnosla, a ella que es la muerte devorada que vuelve porque sólo entonces acercamos la cara a la sangre que hay en los labios de nuestros antepasados.


Fragmento de la novela El bosque de la noche, de Djuna Barnes, nacida en New York el 12 de junio de 1892.
El 12 de junio de 1928 fallecía Salvador Díaz Mirón
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