sábado, marzo 18, 2006

Mallarmé


¡La luna se afligía. Dolientes serafines
Vagando -ocioso el arco- en la paz de las flores
Vaporosas, vertían de exánimes violines
Por los azules cálices blanco lloro en temblores.
-De tu beso primero era el bendito día.
Como en martirizarme mi afán se complacía,
Se embriagaba a conciencia con ese desvaído
Aroma en que -sin lástimas y sin resabio- anega
La cosecha de un sueño al alma que lo siega.
Yo iba mirando al suelo, errante y abstraído,
Cuando -con los cabellos en sol- toda sonriente,
En la calle, en la tarde, te me has aparecido.
Y creí ver el hada del casco refulgente
Que cruzaba mis éxtasis de niño preferido,
Dejando siempre, de sus manos entrecerradas,
Nevar blancos racimos de estrellas perfumadas.

Aparición, poema de Stéphane Mallarmé, escritor francés nacido el 18 de marzo de 1842.
El 18 de marzo de 1911 nacía Gabriel Celaya.

miércoles, marzo 15, 2006

País

La guitarra rasga la penumbra del zaguán, una mano crispada surge entre las rejas, pende en el cielo la camisa de los Fusilamientos.
El caballo bate sobre la testuz del toro -una capa cerveza se derrama en la arena-, en alto la lanza apócrifa de Breda.
Llueve hacia el noroeste, se escurre la tinta de las capitulares añosas de Flor de Santidad. Saudade. Minifundios fútiles. Lacios emigrantes.
Marinos como muñecos de mueca macabra. Santo domingo toda la semana. Vietnam hasta cuándo. Guiñol infernal.
La guitarra araña las sombras del zaguán; en el cielo, los ojos crispados de Saturno devorando a sus hijos.

País, de Blas de Otero, nacido el 15 de marzo de 1916 en Bilbao.

El 15 de marzo de 1937 fallecía H. P. Lovecraft.

domingo, marzo 12, 2006

Ana Frank

Ocultarse... ¿Adónde iríamos a ocultarnos? ¿En la ciudad, en el campo, en una casa, en una choza, cuándo, cómo, dónde?... Yo no podía formular estas preguntas que se me iban acudiendo una tras otra. Margot y yo nos pusimos a guardar lo estrictamente necesario en los bolsones del colegio. Empecé por meter este cuaderno, enseguida mis rizadores, mis pañuelos, mis libros de clase, mis peines, viejas cartas. Estaba obsesionada por la idea de nuestro escondite, y puse las cosas más inconcebibles. No lo lamento, porque me interesan más los recuerdos que los vestidos. Por fin, a las cinco, papá regresó. Telefoneamos al señor Koophuis para preguntarle si podía venir a casa esa misma noche. Van Daan partió en busca de Miep. (Miep está empleada en las oficinas de papá desde 1933, y es nuestra gran amiga, lo mismo que Henk, su flamante esposo). Miep vino para llevarse su cartera llena de zapatos, de vestidos, de abrigos, de medias, de ropa interior, prometiendo volver a la noche. Luego se hizo la calma en nuestra vivienda. Ninguno de los cuatro tenía ganas de comer, hacía calor y todo parecía extraño. Nuestra gran sala del primer piso había sido subalquilada a un tal señor Goudsmit, hombre divorciado, que pasaba de los treinta, y que al parecer no tenía nada que hacer esa noche, porque no logramos librarnos de él antes de las diez; todos los intentos disimulados para hacerle marchar antes habían resultado vanos. Miep y Henk van Santen llegaron a las once, para volver a irse a medianoche con medias, zapatos, libros y ropa interior, metidos en la cartera de Miep y en los bolsillos profundos de Henk.

Fragmento del Diario de Ana Frank, fallecida el 12 de marzo de 1945 en el campo de concentración de Bergen-Belsen.

El 12 de marzo de 2004 en Al_Andar...

viernes, marzo 10, 2006

Boris Vian

En la estación de Denfert-Rochereau subió al mismo departamento un compañero de estudios, pero de la sección superior. Llevaba una losa sepulcral de mayores dimensiones, y en un capacho llevaba, además, una hermosa cruz de cuentas de vidrio violetas. Fidéle le saludó. La disciplina académica era severa, y todos los discípulos debían vestir traje negro y cambiarse de ropa interior dos veces por semana. Debían también abstenerse de actitudes fuera de lugar, tales como salir sin sombrero o fumar por la calle. Fidéle envidiaba la cruz violeta, pero el año avanzaba, y en dos meses más pasaría también él al curso superior. Entonces tendría acceso a las grandes losas sepulcrales y a dos cruces de cuentas de vidrio y una de granito que, en principio, no tenían derecho a llevarse a casa para trabajar. Dado su elevado precio, el material estaba marcado con el nombre del director del curso, pero de vez en cuando los alumnos recibían autorización para trabajar en sus propias casas determinadas combinaciones estéticas, a fin de que sacaran un provecho completo de las enseñanzas recibidas en clase. En la primera sección se estudiaban los mármoles destinados a niños de hasta trece años, después se tenía derecho a los J-3 y, finalmente, en la tercera sección, se operaba sobre tumbas de adultos, que resultaban más interesantes y más variadas. Se trataba, por supuesto, de estudios teóricos: los conocimientos adquiridos se referían al proyecto y a la disposición de las losas. La ejecución del tallado y la realización material de la entalladura correspondían a los alumnos de la División de Realización.

Fragmento del relato El camino desierto, del escritor francés Boris Vian, nacido el 10 de marzo de 1920 en Ville D’Avray, suburbio de París.

Otros textos de Boris Vian.

jueves, marzo 09, 2006

Rosa Silverio

Mi mano nunca siembra,
mi mano mata,
se suicida lentamente,
como la última nota de una marcha fúnebre.
Mi mano es un racimo de balas,
cuchillos afilados que cortan las venas,
pastillas que dan alas a la muerte,
corales rotos inundados de rocío.

Mi mano, poema de la escritora dominicana Rosa Silverio, reciente vencedora del XXI Premio Internacional de Poesía Nosside

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