miércoles, diciembre 21, 2005

Heinrich Böll

En la habitación de Hedwig aún había luz, avancé y vi el coche de color vinoso, estacionado aún frente a la puerta de la casa. Di la vuelta a todo el bloque, hasta el callejón sin salida de la Korbmacherstrasse.
Reinaba el silencio y la oscuridad; callábamos; me vino el hambre y desapareció de nuevo, volvió y se fue otra vez, me recorría como las ondas de un terremoto. Se me ocurrió que el cheque que le envié a Wickweber era un cheque sin fondos. Pensé que Hedwig no me había preguntado ni siquiera mi profesión, que no sabía cuál era mi nombre de pila. Los dolores de mis manos se intensificaron, y cuando cerré por unos segundos mis doloridos ojos, me vi danzando por eternidades llenas de triángulos de color naranja.
La luz en la habitación de Hedwig se apagaría, en ese lunes, del que aún quedaban cuatro horas; se iría perdiendo en la distancia el ruido del motor del coche estacionado en la puerta, el coche de color vinoso. Me parecía oír ya cómo ese ruido perforaba las sombras de la noche, dejando tras él el silencio y la oscuridad. Subiríamos escaleras, abriríamos puertas con precaución y volveríamos a cerrarlas. Hedwig miró su boca una vez más, volvió a repasarla con un trazo lento y firme, como si no fuera lo bastante roja, y yo supe ya entonces lo que no había de saber hasta más tarde.

Fragmento de la novela El pan de los años mozos, del escritor alemán Heinrich Böll, que nació el 21 de diciembre de 1917 en Colonia (Alemania)

Cuentos de Heinrich Böll

También un 21 de diciembre, en 1921, nacía Augusto Monterroso

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