viernes, febrero 24, 2006

Astros y fuentes y flores

Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
Ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros,
Lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso,
De mí murmuran y exclaman:
                                           —Ahí va la loca soñando
Con la eterna primavera de la vida y de los campos,
Y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
Y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.

—Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha,
Mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,
Con la eterna primavera de la vida que se apaga
Y la perenne frescura de los campos y las almas,
Aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.

Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños,
Sin ellos, ¿cómo admiraros ni cómo vivir sin ellos?

Poema de Rosalía de Castro, nacida el 24 de febrero de 1837 en Santiago de Compostela. Carlos Núñez le puso música y lo incluyó en el álbum Mayo Longo.

Más poemas de Rosalía

El 24 de febrero de 2004 en Al_Andar: Pablo Milanés
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miércoles, febrero 22, 2006

Stefan Zweig

En una modesta pensión de la Riviera, donde residía, diez años antes de la guerra, estalló en la mesa una violenta discusión que, exacerbando de pronto los ánimos, estuvo a punto de degenerar en reyerta furiosa.

La mayoría de los hombres tienen escasa imaginación. Todo lo que no los afecta de inmediato y directamente, no hiere sus sentidos, cual dura y afilada cuña, casi no logra excitarlos; mas si un día ante sus ojos acontece algo insignificante, inmediatamente estallan apasionados. Entonces la apatía se convierte en frenética vehemencia.

Esto ocurrió entre las personas aburguesadas que se sentaban a nuestra mesa, donde por lo común nos entregábamos a pequeñas charlas insustanciales, para separarnos en cuanto terminaba la comida. El matrimonio alemán tornaba a sus paseos y a sus fotografías, el danés apacible a su aburrida pesca, la respetable dama inglesa a sus libros, el matrimonio italiano escapaba a Montecarlo y yo, perezosamente, me hundía en una silla del járdín o volvía a mis trabajos.

Fragmento de la novela 24 horas en la vida de una mujer, del escritor austriaco Stefan Zweig, fallecido el 22 de febrero de 1942.

La estrella sobre el bosque (cuento de Stefan Zweig), en Ciudad Seva.

El 22 de febrero de 1939 fallecía Antonio Machado

martes, febrero 21, 2006

Nin

Allendy me hace preguntas sobre Henry. Al final observa que lo domino socialmente. Y también observa que he decidido colocarme en la posición de rival de una mujer que sé que vencerá, buscando por tanto mi propio dolor; que he amado a hombres más débiles que yo y he sufrido por ello. Y al mismo tiempo le tengo mucho miedo al dolor, lo cual me hace dividir mis amores de modo que cada uno me sirva de refugio frente a otro. Ambivalencia. Quiero amar a un hombre más fuerte y no puedo.
Dice que tengo una sensación de inferioridad que se debe a mi fragilidad física de niña. Me parecía que los hombres sólo amaban a las mujeres sanas y gordas. Eduardo me hablaba de las rellenitas cubanas. La primera chica por quien Hugo se había sentido atraído era gorda. Todo el mundo hacía comentarios sobre mi delgadez, y mi madre sacaba a relucir el proverbio español: «Los huesos son para los perros.» Cuando me marché a La Habana, dudaba de que le gustara a nadie porque estaba delgada. Este tema dura aún hasta el momento actual en que Henry me ofendió con su admiración por el cuerpo de Natasha porque le pareció opulento.

Fragmento de Henry & June, de la escritora francesa Anaïs Nin, nacida el 21 de febrero de 1903 en Neuilly.

El 21 de febrero de 2004 en Al_Andar...
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domingo, febrero 19, 2006

Los monederos falsos

La calle de T., donde Bernardo Profitendieu había vivido hasta ese día, está muy cerca del jardín del Luxemburgo. Allí, junto a la fuente Médicis, en esa avenida que la domina, tenían la costumbre de verse, todos los miércoles de cuatro a seis, algunos de sus camaradas. Se hablaba de arte, de filosofía, de deportes, de política y de literatura. Bernardo había caminado muy de prisa; pero al pasar la verja del jardín divisó a Oliverio Molinier e inmediatamente aminoró su paso.
La reunión era aquel día más numerosa que de costumbre, sin duda a causa del buen tiempo. Se habían agregado unos cuantos a quienes Bernardo no conocía aún. Cada uno de aquellos muchachos, no bien se encontraba delante de los otros, representaba un personaje y perdía casi toda naturalidad.
Oliverio enrojeció al ver acercarse a Bernardo y, separándose con bastante brusquedad de una joven con quien conversaba, se alejó. Bernardo era su amigo más íntimo y por eso Oliverio tenía muy buen cuidado en no parecer buscarlo; a veces, fingía incluso no verlo.
Antes de llegar hasta él, Bernardo tenía que afrontar varios grupos y, como él también aparentaba no buscar a Oliverio, se entretenía.
Cuatro de sus compañeros rodeaban a uno bajito, barbudo, con lentes, notablemente mayor que ellos, que llevaba un libro. Era Dhurmer.

Fragmento de la novela Los monederos falsos, del escritor francés André Gide, fallecido el 19 de febrero de 1951.

Un año después, el 19 de febrero de 1952, fallecía Knut Hamsun.
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sábado, febrero 18, 2006

Toni Morrison

En ese tren, mientras avanzaban lentamente hacia Cincinnati, Nel tomó la decisión de mantenerse en guardia... siempre. Quería tener la seguridad de que ningún hombre la miraría jamás de ese modo. Que ningún par de ojos de medianoche ni ninguna piel jaspeada la insultarían jamás transformándola en gelatina.
Estuvieron viajando durante dos días: dos días en que contemplaron la transformación de la cellisca en lluvia y luego en purpúreas puestas de sol, y una noche acurrucadas sobre los bancos de madera (las cabezas recostadas sobre los abrigos doblados), procurando no oír los ronquidos de los soldados. Cuando cambiaron de tren en Birmingham para el último trecho del viaje, se dieron cuenta del lujo con el que habían viajado en Kentucky y Tennessee, donde todas las estaciones estaban provistas de lavabos para las gentes de color. A partir de Birmingham no encontraron ni uno. Helene tenía la cara tensa por la necesidad y su malestar llegó a ser tan intenso que finalmente se decidió a comentarle su problema a una mujer negra con cuatro criaturas que habían subido en Tuscaloosa.

Fragmento de la novela Sula, de Toni Morrison, que nació el 18 de febrero de 1931 en Lorain (Ohio).

El 18 de febrero de 1938 fallecía Leopoldo Lugones
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