domingo, febrero 19, 2006

Los monederos falsos

La calle de T., donde Bernardo Profitendieu había vivido hasta ese día, está muy cerca del jardín del Luxemburgo. Allí, junto a la fuente Médicis, en esa avenida que la domina, tenían la costumbre de verse, todos los miércoles de cuatro a seis, algunos de sus camaradas. Se hablaba de arte, de filosofía, de deportes, de política y de literatura. Bernardo había caminado muy de prisa; pero al pasar la verja del jardín divisó a Oliverio Molinier e inmediatamente aminoró su paso.
La reunión era aquel día más numerosa que de costumbre, sin duda a causa del buen tiempo. Se habían agregado unos cuantos a quienes Bernardo no conocía aún. Cada uno de aquellos muchachos, no bien se encontraba delante de los otros, representaba un personaje y perdía casi toda naturalidad.
Oliverio enrojeció al ver acercarse a Bernardo y, separándose con bastante brusquedad de una joven con quien conversaba, se alejó. Bernardo era su amigo más íntimo y por eso Oliverio tenía muy buen cuidado en no parecer buscarlo; a veces, fingía incluso no verlo.
Antes de llegar hasta él, Bernardo tenía que afrontar varios grupos y, como él también aparentaba no buscar a Oliverio, se entretenía.
Cuatro de sus compañeros rodeaban a uno bajito, barbudo, con lentes, notablemente mayor que ellos, que llevaba un libro. Era Dhurmer.

Fragmento de la novela Los monederos falsos, del escritor francés André Gide, fallecido el 19 de febrero de 1951.

Un año después, el 19 de febrero de 1952, fallecía Knut Hamsun.
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