domingo, noviembre 05, 2006

Luis Cernuda

¿Volver? Vuelva el que tenga,
Tras largos años, tras un largo viaje,
Cansancio del camino y la codicia
de su tierra, su casa, sus amigos,
Del amor que al regreso fiel le espere.

Mas, ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas,
Sino seguir libre adelante,
Disponible por siempre, mozo o viejo,
Sin hijo que te busque, como a Ulises,
Sin Itaca que aguarde y sin Penélope.

Sigue, sigue adelante y no regreses,
Fiel hasta el fin del camino y tu vida,
No eches de menos un destino más fácil,
Tus pies sobre la tierra antes no hollada,
Tus ojos frente a lo antes nunca visto.

Peregrino, poema de Luis Cernuda, fallecido el 5 de noviembre de 1963.
El 5 de noviembre de 2005 fallecía John Fowles

sábado, noviembre 04, 2006

La llamada

Del bosque surgió un largo alarido. Era de un pájaro nocturno que solía anunciar el comienzo de la noche. El hombre salió de una pequeña choza de hojas de palmera, detúvose a unos pasos, mirando a todos lados con fiera vivacidad, y dijo como si hablara al anunciador: “Te has adelantao un poco». El sol declinaba, dando reflejos dorados a una ancha laguna y al alto perfil del bosque. El fulgor de lámina bruñida adquirido por las aguas, contrastaba violentamente con la prieta sombra adensada entre los troncos.
Los árboles avanzaban impetuosamente como para arrojar a los delanteros dentro de la laguna. Ciertas grandes raíces retorcíanse al filo del agua. A trechos, entre bosque y orilla, quedaban sin embargo algunos claros retaceados de yerba, en el mayor de los cuales encontrabanse la choza y ese hombre. Tenía el sombrero de palma levantado sobre la frente y se destacaban netamente 1os angulosos rasgos de su cara cetrina, la nariz de rotundo trazo aguileño, los labios anchos, que se habían contraído hacia un lado, en un rictus entre sonriente y desdeñoso. Su amarillenta camisa de dril estaba manchada de sangre.

Fragmento del relato La llamada, de Ciro Alegría, nacido el 4 de noviembre de 1909.
El 4 de noviembre de 2003 fallecía Rachel de Queiroz
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viernes, noviembre 03, 2006

León Bloy

¡Oh, delicioso, inapreciable refugio! Sobrenatural refresco para un corazón retorcido de angustia y asco. El desprecio universal, absoluto, hacia los hombres y las cosas. Llegado ahí, ya no se sufre más o, al menos, se tiene la esperanza de no sufrir más. Se deja de leer los periódicos, se deja de escuchar los clamores de la ciénaga, no se quiere ya saber nada ni desear otra cosa que la muerte. Es el estado de un alma adolorada que conoce a Dios y que sabe que no existe nada en la tierra donde pueda apoyarse en nuestros espantosos días.
¿Es necesario para ello haberse convertido en un anciano? No estoy seguro, pero es muy probable. El mal es enorme, piensan los hombres que no han superado los sesenta años, pero sin embargo hay eso o aquello y el remedio no es imposible. Nadie se persuade de que todo está en la red del mal cazador y que sólo un ángel de Dios o un hombre lleno de milagros puede liberarnos.

La Fe está tan muerta que nos preguntamos sí ha existido jamás, y lo que hoy lleva su nombre es tan estúpido o hediondo que el sepulcro parece preferible.


Fragmento de En las tinieblas, de León Bloy, fallecido el 3 de noviembre de 1917.
El 3 de noviembre de 1901 nacía André Malraux
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jueves, noviembre 02, 2006

Pier Paolo Pasolini

El apóstol Pablo partió del oasis: de la ciudad minúscula de arena, sola como un cementerio en torno a su pozo, y cuya vida consistía en no morir. La enfermedad mortal se veía en las aguas verdosas del pozo, en la vejez decrépita de los troncos, en el polvo inflamado por el sol en que todo se desmenuzaba desde hacía milenios. Sin embargo, allí estaba la vida humana, con todas sus formas; y aunque entorpecidos o con la voz afónica a causa del silencio que llegaba del desierto, los niños reían con los ojos centelleantes de dulzura y con sus cuerpos sin peso; los jóvenes incubaban su deseo, entre los ricos harapos y las vendas apretadas sobre los rasgos dulces y repugnantes de los bandidos; zumbaba el mercado; grupos de mujeres regresaban veloces de la compra, como otros tantos viejos sacerdotes; los ancianos permanecían apoyados en los muros bajos, con los hígados pútridos y los ojos de bestias enfermas y tranquilas.
El desierto empezó a reaparecer en todo lo que era: y para verlo así —desierto y nada más que desierto— sólo bastaba estar en él. Pablo caminaba, caminaba, y su paso era una confirmación. Desaparecidas las últimas copas de las palmeras, distribuidos los hombres en grupos pintorescos, se reinició la obsesión, es decir, el avanzar permaneciendo siempre en el mismo punto.

Fragmento del libro Teorema, de Pier Paolo Pasolini, fallecido el 2 de noviembre de 1975
El 2 de noviembre de 1950 fallecía George Bernard Shaw
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miércoles, noviembre 01, 2006

El labio descarnado

De noche, entre las brumas de un desvelo
vino a mí su recuerdo como un ángel
escapado de su sombría cárcel
y en sus labios desnudos sonó un eco:

¡Ven!¡Tómame! Soy tuya.

Mis ojos se entreabrieron de repente,
mi corazón saltaba acelerado;
en la penumbra del salón callado
resonaba el rumor de mi inconsciente:

¡Ven!¡Tómame! Soy tuya.

Las cortinas danzaban cadenciosas,
las puertas del balcón se contoneaban
al ímpetu del viento que llenaba
la sala con su música preciosa:

¡Ven!¡Tómame! Soy tuya.

Cerré las puertas, mas la melodía
no cesaba en el ámbito del cuarto.
Del rincón, junto al piano abandonado,
las notas de su voz, dulces, surgían:

¡Ven!¡Tómame! Soy tuya.

Mis pies, como hechizados, me llevaban
hacia el negro lugar donde la noche
me hablaba con su voz, como un acorde
que despertaba mi alma enamorada:

¡Ven!¡Tómame! Soy tuya.

Mas mis pasos al borde de la alfombra
se pararon anclados por el miedo.
¿Era su voz... o era sólo el recuerdo
de otras noches de amor entre las sombras?

¡Ven!¡Tómame! Soy tuya.

...repetía incesante el eco amado.
Mis manos anhelaban el contacto
de su querido cuerpo desmayado,
y el canto me llamaba hacia sus labios.

¡Ven!¡Tómame! Soy tuya.

El recuerdo me lleva hacia el pasado.
Veo su cuerpo inerte, amortajado,
sus ojos como un cielo clausurado,
su rostro como un pábilo apagado.

¡Ven!¡Tómame! Soy tuya.

Un paso hacia el rincón que me reclama;
crece el rumor, las sombras se disuelven,
un halo negro, oscuro manto, envuelve
la pálida mortaja que me llama:

¡Ven!¡Tómame! Soy tuya.

El terror me estremece, Amor me embriaga,
y quieto entre las sombras de la sala
recibo el beso que mi pulso apaga,
el beso descarnado de mi amada...

El labio descarnado. Poema de SBL

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