martes, noviembre 28, 2006

Washington Irving

La hermosa ciudad de Granada fue durante mucho tiempo la residencia predilecta de los reyes de España. Pero una serie de terremotos que asoló la región y sacudió por entero el antiguo palacio morisco, atemorizó en tal forma a los reales personajes, que abandonaron precipitadamente tan peligroso lugar.
La Alhambra permaneció durante largos años en completo abandono. Los aposentos perdieron su brillo y los jardines su esplendor. La Torre de las Infantas, morada de las tres famosas princesas Zayda, Zorayda y Zorahayda, no escapaba al general descuido y se había convertido en el refugio de arañas, murciélagos y lechuzas.
Contribuía en mucho el hacerla inhabitable la antigua creencia de que la sombra de la bella Zorahayda, que había muerto en aquella Torre, solía verse, a la luz de la luna, reclinada en la fuente del saloncito o derramando amargas lágrimas junto a uno de los ventanales, mientras se oían dulces notas de un laúd.

Fragmento de la Leyenda de la rosa de la Alhambra, de Washington Irving, fallecido el 28 de noviembre de 1859.
El 28 de noviembre de 1881 nacía Stefan Zweig
El 28 de noviembre de 1907 nacía Alberto Moravia
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lunes, noviembre 27, 2006

Jorge Ibargüengoitia

En Cuévano hay algo que produce en el observador la sensación de que lo que está viendo no es acontecimiento único, sino acto ritual que se ha repetido todos los días a la misma hora desde tiempo inmemorial y se seguirá repitiendo hasta la consumación de los siglos. A las nueve y media de la mañana, por ejemplo, junto a la puerta del "Ventarrón" habrá siempre un borracho dormido, en la entrada del mercado, la que vende los quesos espantará las moscas con un hilacho, en las escaleras del Banco de Cuévano, el gerente platicará con el millonario Bermejas, en las de la parroquia el señor cura tendrá coloquio con una beata con barbas apodada el Archimandrita de Pénjamo. Por Campomanes irá bajando Sebastián Montaña, rector de la Universidad, que se dirige a la Flor de Cuévano a tomar el primer café exprés del día. Carlitos Mendieta, el pintor más famoso de la ciudad, estará sentado en una banca del Jardín de la Constitución, dejando que un bolero le lustre los zapatos; a su lado estará el historiador Isidro Malagón, leyendo un periódico de Pedrones, El Sol de Abajo. En un balcón de la calle de la Torcaza estará reclinado Ricardo Pórtico con una bata de seda con lamparones de grasa; por el paseo de los Tepozanes, cuesta arriba, caminando por hacer ejercicio, va el agiotista Madroño, quien, según las malas lenguas, lleva aparato cuenta pasos en el bolsillo; más arriba, una de las hermanas Begonia regará el limonero con el chorrito de la manguera. De pronto, el taxi girará a la derecha, saldrá de la avenida, pasará bajo el arco triunfal que dice "Bienvenidos al Gran Hotel Padilla", y se detendrá frente a la marquesina de la entrada, en donde siempre habrá tres mozos de librea jugando fútbol.

Fragmento de la novela Estas ruinas que ves, de Jorge Ibargüengoitia, fallecido el 27 de noviembre de 1983.
El 27 de noviembre de 1865 nacía José Asunción Silva
El 27 de noviembre de 1998 fallecía Gloria Fuertes
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sábado, noviembre 25, 2006

Yukio Mishima

En la obra teatral todo existe gracias a una mujer: la hermosa y aristocrática Yukihime. A ella se deben el encandilador brillo del decorado que figura cerezos en flor, un salto de agua y el resplandeciente Pabellón de Oro; los tambores, sugiriendo el sonido opaco de la cascada y creando una agitación constante en el escenario; el rostro pálido y sádico del lascivo Daizen Matsunaga, el general rebelde; el milagro de la espada mágica en la cual brilla, bajo el sol de la mañana, la imagen sagrada de Fudö, que refleja la forma de un dragón cuando apunta al sol poniente; los destellos del ocaso sobre la cascada y los cerezos; las flores deshojándose pétalo a pétalo. No hay nada extraordinario en el ropaje de Yukihime, un vestido de seda púrpura como el que habitualmente usan las jóvenes princesas. Pero, de acuerdo con su nombre, una presencia fantasmagórica y nevada revolotea sobre esta nieta del gran pintor Sesshü. Toda la escena parece invadida por los paisajes de Sesshü, impregnados de nieve. La nieve fantasmal que confiere a las vestiduras púrpura de Yukihime su brillo deslumbrante.
Masuyama se deleitaba en particular con la escena donde la princesa, atada a un cerezo, recuerda la leyenda de su abuelo y, con los dedos de los pies, dibuja sobre las flores caídas una rata que cobra vida y roe las sogas que la aprisionan.

Fragmento del cuento Onnagata, de Yukio Mishima, fallecido el 25 de noviembre de 1970.
El 25 de noviembre de 1845 nacía José Maria Eça de Queiroz
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viernes, noviembre 24, 2006

Lautréamont

Es un hombre o una piedra o un árbol el que va a comenzar el cuarto canto. Cuando el pie resbala sobre una rana, se tiene una sensación de repugnancia, pero cuando se roza apenas el cuerpo humano con la mano, la piel de los dedos se agrieta, como las escamas de un bloque de mica que se rompe a martillazos; y lo mismo que el corazón de un tiburón que ha muerto hace una hora palpita todavía con tenaz vitalidad sobre el puente, lo mismo nuestras entrañas se agitan en su totalidad mucho tiempo después del contacto. ¡Tanto horror le inspira el hombre a sus propios semejantes! Puede ser que al decir esto me equivoque, pero puede ser también que diga la verdad. Conozco, concibo una enfermedad más terrible que los ojos hinchados por largas meditaciones sobre el extraño carácter del hombre, pero aunque la busco todavía... ¡no he podido encontrarla! No me creo menos inteligente que otros, y sin embargo, ¿quién se atrevería a afirmar que he acertado en mis investigaciones? ¡Qué mentira saldría de su boca! El antiguo templo de Denderah está situado a hora y media de la orilla izquierda del Nilo. Hoy innumerables talanges de avispas se han apropiado de las atarjeas y de las cornisas. Revolotean alrededor de las columnas como densas ondas de una negra cabellera. Únicos habitantes del frío pórtico, vigilan la entrada de los vestíbulos, tal un derecho hereditario. Comparo el bordoneo de sus alas metálicas con el choque incesante de los témpanos que se precipitan unos contra otros durante el deshielo de los mares polares.
Pero si considero la conducta de aquel a quien la providencia concedió el trono en esta tierra, ¡las tres aletas de mi dolor hacen oír un murmullo más intenso! Cuando durante la noche un cometa aparece súbitamente en una región del cielo, después de ochenta años de ausencia, muestra a los habitantes terrestres y a los grillos su cola brillante y vaporosa. Sin duda no tiene conciencia de ese largo viaje; no sucede lo mismo conmigo: acodado en la cabecera de mi cama, mientras los dentículos de un horizonte árido y lúgubre se elevan con vigor sobre el fondo de mi alma, me abstraigo en sueños de compasión y me avergüenzo por el hombre.

Fragmento de Los Cantos de Maldoror, de Isidore Ducasse, Conde de Lautréamont, fallecido el 24 de noviembre de 1870.
El 24 de noviembre de 1632 nacía Baruch Spinoza
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jueves, noviembre 23, 2006

Roald Dahl

En el año 1946 el invierno fue muy largo. Aunque estábamos en el mes de abril, un viento helado soplaba por las calles de la ciudad. En el cielo, las nubes cargadas de nieve se movían amenazadoras.Un hombre llamado Drioli se mezclaba entre la gente del paseo de la rué de Rivoli. Tenía mucho frío, embutido como un erizo en un abrigo negro, saliéndole sólo los ojos por encima del cuello subido.Se abrió la puerta de un restaurante y el característico olor de pollo asado le produjo una dolorosa punzada en el estómago. Continuó andando, mirando sin interés las cosas de los escaparates: perfumes, corbatas de seda, camisas, diamantes, porcelanas, muebles antiguos y libros ricamente encuadernados. Después vio una galería de pintura. Siempre le gustaron las galerías de pintura. Esta tenía un solo lienzo en el escaparate. Se detuvo a mirarlo y se volvió para seguir adelante, pero tornó a pararse y miró de nuevo. De repente se apoderó de él un pequeño desasosiego, un movimiento en su recuerdo, un conjunto de algo que había visto antes en alguna parte. Miró otra vez; era un paisaje, un grupo de árboles tremendamente inclinados hacia una parte, como azotados por el viento, el cielo gris oscuro, de tormenta. En el marco había una pequeña placa que decía: Chaim Soutine (1894-1943).

Fragmento del relato Tatuaje, de Roald Dahl, fallecido el 23 de noviembre de 1990.
El 23 de octubre de 1920 nacía Paul Celan
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