sábado, enero 06, 2007

Khalil Gibran

¿Hacia dónde me llevas, oh, hechicera?
¿Hasta cuándo te seguiré por este camino escarpado, cubierto de espinas, que serpentea entre las piedras y lleva mis pies a la cumbre y mi alma conduce al abismo?
Seguiré la orla de tu vestido. Te seguiré como un niño sigue a su madre, olvidado de mis sueños, absorbido por tu belleza, distraído por las sombras que flotan sobre mi cabeza, atraído por la fuerza misteriosa que se esconde en tu cuerpo.
Detente un instante y déjame contemplar tu rostro. Mírame un momento; quizá descubra en tus ojos los secretós de tu corazón y, en tus facciones, los enigmas de tu alma.
Detente un instante, oh, hada. Estoy cansado de andar y mi alma teme a los peligros del camino. Detente. Ya alcanzamos la encrucijada donde la vida y la muerte se encuentran.
Y no daré un paso más hasta que mi alma no descubra las intenciones de tu alma y mi corazón discierna los secretos de tu corazón.
Oye, ¡oh, hada hechicera!
Yo era hasta ayer un pájaro libre que se movía entre los arroyos y flotaba en el espacio y, al atardecer, se posaba en los árboles y contemplaba los palacios y los templos de la ciudad y las nubes coloridas que el sol construyó en el crepúsculo y destruyó en el ocaso.
Yo era como el pensamiento, que recorre, solo, las tierras de Oriente y Occidente, alegre con las bellezas y las delicias de la vida y sondeando los secretos y misterios de la existencia.
Yo era como un sueño: caminaba en las tinieblas de la noche y entraba por las ventanas en las alcobas de las vírgenes adormecidas y jugaba con sus sentimientos. Después pasaba por los lechos de los jóvenes y excitaba sus deseos. Y me sentaba cerca de los viejos y analizaba sus pensamientos. Hoy, habiéndome encontrado, oh, hechicera, y habiendo absorbido el veneno de tus besos, me he transformado en prisionero que carga sus cadenas sin rumbo conocido. Y me transformé en borracho que clama por el vino que robó su voluntad y besa la mano que le dio bofetadas.
Detente un instante, oh, hechicera, ya recuperé mis fuerzas y quebré las cadenas que aprisionaban mis pies y derramé la copa en que bebía el veneno que me deleitaba. ¿Qué quieres que hagamos? ¿Qué camino quieres que caminemos?
Reconquisté mi libertad.
¿Me aceptarías como compañero libre, que mira el sol con párpados firmes y toma el fuego con dedos que no temen?
Abrí nuevamente mis alas. ¿Me aceptas como amigo que pasa los días entre montañas como el águila y las noches durmiendo en el desierto como un león?
¿Te satisfarás con el amor de un hombre para quien el amor es un comensal y no un dueño?
¿Aceptarás la pasión de un corazón que desea, mas no se entrega: y que quema, mas no se derrite?
¿Aceptarás un amigo que no esclaviza ni se deja esclavizar? He aquí, entonces, mi mano; tómala en tus hermosas manos. He aquí mi cuerpo, apriétalo con tus brazos suaves. He aquí mi boca, bésala largamente, profundamente, silenciosamente.

La hechicera, texto de Gibran Khalil Gibran, nacido el 6 de enero de 1883.
El 6 de enero de 1943 nacía Osvaldo Soriano

viernes, enero 05, 2007

Umberto Eco

A veces, en el duermevela que viene después, me rebelo al sueño. Trata de recordar, conoces y recuerdas todo, y con todo has saldado las cuentas, o no las has abierto nunca. No hay nada que no sepas encontrar No hay nada.
Queda la sospecha de haber olvidado algo, de haberlo dejado entre los pliegues de la atención, como se olvida un billete de banco, o una nota con un dato fundamental, en un bolsillo de los pantalones o en una vieja chaqueta, y sólo más tarde se descubre que era lo más importante, lo decisivo, lo único.
De la ciudad tengo una imagen más clara. Es París, yo estoy en la margen izquierda, sé que si atravieso el río llegaré a una plaza que podría ser la place des Vosges... no, una plaza más abierta, porque en el fondo se yergue una especie de Madeleine. Después de la plaza, al otro lado del templo, encuentro una calle (hay una tienda de libros antiguos en la esquina) que dobla hacia la derecha y desemboca en unas callejuelas, y estoy en el Barrio Gótico de Barcelona, no me caben dudas.
Se podría salir a una calle, muy ancha, llena de luces, y es en esa calle, y lo recuerdo con evidencia eidética, donde a la derecha, al final de un callejón sin salida, está el Teatro.
No está claro qué sucede en ese sitio de delicias, sin duda algo ligeramente y gozosamente turbio, como en un striptease (por eso no me atrevo a hacer preguntas), algo de lo que ya sé bastante como para querer regresar, muy excitado. Pero en vano, hacia Chatham Road las calles se confunden.

Fragmento de la novela El pendulo de Foucault, de Umberto Eco, nacido el 5 de enero de 1932.
El 5 de enero de 1936 fallecía Valle-Inclán

jueves, enero 04, 2007

Gao Xingjian

Luego llegas a un puente de piedra. Ningún mal olor. Una fresca brisa sopla suavemente, refrescante y agradable. El puente de piedra une un ancho río. Aunque la calle está asfaltada, se distinguen aún vagamente unos leones esculpidos en las columnas acanaladas. Debe de ser seguramente muy antiguo. Apoyado en el pretil de piedra reforzada con hormigón, contemplas las dos partes de este pueblo unidas por el puente. De cada lado, innumerables tejados de tejas negras dispuestos en apretadas hileras se extienden hasta donde se pierde la vista. Entre las montañas se abre un valle con campos de arroz amarillo dorado moteados de cañaverales de verdes bambúes. El agua del río de un azul puro fluye tranquilamente entre los arenales de su lecho y, seguidamente, una vez llegada hasta los pilares del puente de piedra tallada que lo divide, se vuelve más profunda, tirando a verde oscuro. Una vez pasado el arco del puente, produce un fragor, y se forma una espuma blanca por encima de sus violentos remolinos. El agua ha dejado su marca en diferentes niveles del dique de piedra de más de diez metros de alto. El más reciente, de un amarillo grisáceo, data de la última inundación del verano. ¿Es el río You? ¿Tiene su nacimiento en Lingshan?
El sol va a ponerse. Su semiesfera semeja una tapadera de color anaranjado. Sigue siendo brillante, pero no deslumbra. Diriges la mirada hacia el lugar donde las dos vertientes del valle se unen, allí donde las cimas se encabalgan en medio de la bruma y de las nubes. Este marco ilusorio de un negro vivísimo comisquea paulatinamente la parte inferior del astro deslumbrante que parece dar vueltas. Cuanto más se tiñe de rojo el ocaso, más dulce resulta.

Fragmento de la novela La montaña del alma, de Gao Xingjian, nacido el 4 de enero de 1940.
El 4 de enero de 1960 fallecía Albert Camus
Comentarios

miércoles, enero 03, 2007

Tolkien

Cuatro días después del arroyo encantado, llegaron a un sitio del bosque poblado de hayas. En un primer momento les alegró el cambio, pues aquí no crecían malezas y las sombras no eran tan profundas. Había una luz verdosa a ambos lados del sendero, pero el resplandor sólo revelaba unas hileras interminables de troncos rectos y grises, como pilares de un vasto salón crepuscular. Había un soplo de aire y se oía un viento, pero el sonido era triste. Unas hojas secas cayeron recordándoles que fuera llegaba el otoño. Arrastraban los pies por entre las hojas muertas de otros otoños incontables, que en montones llegaban al sendero desde la alfombra granate del bosque.
Bombur dormía aún, y ellos estaban muy cansados. A veces oían una risa inquietante, y a veces también un canto a lo lejos. La risa era risa de voces armoniosas, no de trasgos, y el canto era hermoso, pero sonaba misterioso y extraño, y en vez de sentirse reconfortados, se dieron prisa por dejar aquellos parajes con las fuerzas que les restaban.
Dos días más tarde descubrieron que el sendero descendía, y antes de mucho tiempo salieron a un valle en el que crecían unos grandes robles.

Fragmento de la novela El Hobbit, de John Ronald Reuel Tolkien, nacido el 3 de enero de 1892.
Actualización enero 2007 de Revista Almiar
El 3 de Enero de 1951 nacía Rosa Montero
Comentarios

martes, enero 02, 2007

Isaac Asimov

Salvor Hardin no fue directamente al planeta Anacreonte, el cual había dado nombre al reino. No llegó hasta el día antes de la coronación, tras haber hecho rápidas visitas a ocho de los mayores sistemas estelares del reino, no deteniéndose más que el tiempo justo para conferenciar con los representantes locales de la Fundación.
El viaje le produjo la opresiva impresión de la enormidad del reino. Era una pequeña astilla, una insignificante manchita comparado con las extensiones inconcebibles del imperio galáctico, del cual había formado una parte tan distinguida; pero para alguien cuyos hábitos mentales han sido construidos alrededor de un solo planeta, que además está escasamente poblado, el tamaño y la población de Anacreonte eran impresionantes.
Siguiendo cerradamente los lindes de la antigua Prefectura de Anacreonte, abarcaba veinticinco sistemas estelares, seis de los cuales incluían más de un mundo habitable. La población de diecinueve billones, aunque aún muy inferior a la del apogeo del imperio, crecía rápidamente con el desarrollo científico cada vez mayor alentado por la Fundación.
Y sólo entonces Hardin se sintió aterrado ante la magnitud de esa tarea.

Fragmento de la novela Fundación, de Isaac Asimov, nacido el 2 de enero de 1920.
El 2 de enero de 1922 nacía Blaga Dimitrova

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...