miércoles, enero 04, 2006

Albert Camus

Era el pleno invierno y, sin embargo, se anunciaba una mañana radiante en la ciudad ya activa. En el extremo de la escollera, el mar y el cielo se confundían en un mismo resplandor. No obstante, Yvars no los veía. Pedaleaba pesadamente por las avenidas del puerto. Su pierna inválida descansaba inmóvil sobre el pedal fijo de la bicicleta, mientras la otra se esforzaba en vencer a los adoquines, aún mojados por la humedad nocturna. Sin levantar la cabeza, frágil sobre su sillín, evitaba los rieles del antiguo tranvía, se desviaba a un lado con un brusco movimiento del manillar para dejar paso a los automóviles que se le adelantaban y, de vez en cuando, con el codo echaba hacia atrás, sobre sus riñones, la mochila en la que Fernande le había metido el almuerzo. Pensaba entonces amargamente en el contenido de la mochila. Entre las dos gruesas rebanadas de pan, en lugar de la tortilla a la española que tanto le gustaba, o el filete frito, no había más que un trozo de queso.
Nunca le había parecido tan largo el camino hasta el taller. Es que iba envejeciendo. A los cuarenta años, y aunque hubiera permanecido seco como un sarmiento de viña, los músculos no entran en calor tan rápidamente.

Fragmento de la narración Los mudos, del escritor francés Albert Camus, muerto en un accidente de tráfico en la localidad de Villeblerin (Francia) el 4 de enero de 1960.

El 4 de enero de 1965 fallecía en Londres el poeta TS Eliot.

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