martes, enero 24, 2006

Insatisfacción

La felicidad de los casados jóvenes y viejos en la oficina. Fuera de mi alcance; si la tuviera a mi alcance, me resultaría insoportable, y sin embargo, es lo único que siento deseos de satisfacer.
Las vacilaciones prenatales. Si existe la transmigración de las almas, yo estoy aún en el primer peldaño. Mi vida es la vacilación prenatal.

Firmeza. No quiero evolucionar de un modo determinado, quiero cambiar de lugar; esto es, ciertamente, el deseo de "volar a otro planeta"; me bastaría estar cerca de mí mismo; me bastaría poder considerar distinto el lugar donde estoy.

La evolución fue sencilla. Cuando aún estaba satisfecho, quería estar insatisfecho y me lanzaba con todos los recursos de la época y de la tradición que tenía a mi alcance hacia la insatisfacción; entonces deseaba poder retroceder. O sea que estaba siempre insatisfecho, incluso con mi satisfacción. Es curioso que, con un proceso lo bastante sistemático, la comedia puede convertirse en realidad. Mi decadencia intelectual empezó con un juego infantil, aunque infantilmente consciente. Por ejemplo, contraía, artificialmente, los músculos faciales; andaba por el Graben con los brazos cruzados detrás de la cabeza. Era un juego repelentemente pueril, pero de éxito. (Algo parecido ocurrió con la evolución de mi actividad literaria, sólo que esta evolución, por desgracia, quedó posteriormente paralizada.) Si es posible hacer que, de este modo, caiga la desdicha sobre uno mismo, sería posible provocarlo todo. Por mucho que la evolución parezca negármelo, y aunque esto contradiga esencialmente mi personalidad, no soy capaz de admitir de ninguna manera que los inicios de mi desgracia fuesen íntimamente necesarios; puede que en ellos hubiera algo de necesidad, pero no íntima; se me acercaron volando como moscas, y hubiese podido espantarlos tan fácilmente como se espanta a las moscas.
En la otra orilla, la infelicidad no habría sido menos grande, sino probablemente mayor (a causa de mis debilidades); de esto, tengo sin duda la experiencia; aún sigue vibrando, en cierto modo, la palanca, desde la última vez que intenté moverla, ¿por qué entonces, aumento la desdicha de estar en esta orilla, con la nostalgia de estar en la otra?


Anotación del 24 de enero de 1922 en los Diarios, de Franz Kafka

Leer La Metamorfosis

El 24 de enero de 1967 fallecía en Buenos Aires el poeta Oliverio Girondo

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