sábado, abril 01, 2006

Cyrano de Bergerac

Quince años después, en 1655. Parque del convento que las Damas de la Cruz ocupaban en París.
Magníficas alamedas. A la izquierda, la casa. Gran escalinata sobre la cual se abren numerosas puertas. En medio del escenario, un árbol, aislado en el centro de una plazuela ovalada. A la derecha, en primer término y entre enormes matorrales, un banco de piedra semicircular.
El fondo del teatro se halla atravesado por una avenida de castaños que termina en la parte derecha, en cuarto plano, junto a la puerta de la capilla, que se vislumbra entre las ramas. A través de la doble cortina de árboles de esta avenida, se percibe el suelo cubierto de césped, otras avenidas, bosques, la última porción del parque, y el bosque.
En la capilla se abre una puerta lateral sobre una columna de guirnaldas de vid roja que se pierde por la derecha y en primer plano detrás de los matorrales.
Otoño. El ramaje cobra un color rojo por encima de la hierba fresca. Manchas sombrías de los matorrales y los tejos que permanecen verdes. Hojas amarillentas amontonadas al pie de los árboles, cubriendo casi todo el escenario, la escalinata y los bancos, y que crujen cuando alguien las pisa.
Entre el banco de la derecha y el árbol, un gran bastidor de bordar ante el que han colocado una sillita. Cestos de costura llenos de madejas y ovillos. El tapiz está empezado.
Al levantarse el telón, monjas que pasean por el parque; otras, sentadas en el banco, en torno a una de mayor edad. Las hojas caen.


Esta es la presentación del acto quinto de Cyrano de Bergerac, del escritor francés Edmond Rostand, nacido el 1 de abril de 1868 en Marsella.
El 1 de abril de 1929 nacía Milan Kundera

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