lunes, abril 17, 2006

Ehrengard

Su senda bordeaba el lago de la montaña. De vez en cuando se detenía para dejar que sus ojos acariciaran el paisaje y su nariz aspirara el aire puro. Pronto habría concluido su paseo, y habría regresado una vez más de la melodiosa soledad del bosque y la ladera a la compañía de seres humanos que no siempre le comprendían. Tenía el oído fino, y ahora, no lejos, oyó voces, bajas, claras voces de mujer. Abandonó la senda y se abrió paso entre la maleza para ver a las que hablaban.
A veinte pies, a un nivel algo inferior al suyo, donde el lago se estrechaba y cerraba, se habían incrustado en la verde falda un par de escalones de piedra; allí se podía atracar una barca. Sobre los escalones había dos figuras femeninas, en las que, al cabo de unos segundos, Herr Cazotte reconoció a Ehrengard y a su doncella. Ehrengard estaba desvistiéndose, y la doncella recogía y doblaba sus ropas.

Fragmento de la narración Ehrengard, de Karen Blixen (Isak Dinesen), nacida el 17 de abril de 1885.
El 17 de abril de 1895 fallecía el poeta colombiano Jorge Isaacs

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