lunes, marzo 12, 2007

Heinrich Mann

Con el valor que da la desesperación emprendió por fin el camino hacia la calle Potsdamer. Recorrió la calle de la Reina Augusta y dobló con decisión hacia la calle Privada Hildebrandt, una avenida silenciosa, cubierta de arena, que estaba cerrada en ambos extremos con una tela metálica. El palacio Türkheimer resultaba a todos los viandantes el más grandioso de los edificios. Era de un estilo renacentista alemán, cuya autenticidad no debía ser comprobada más de cerca. Andreas tocó en el rico portón de bronce del jardín, y éste se abrió sin que apareciera nadie. Solitario como el príncipe del cuento que conquista un castillo encantado, el joven atravesó una especie de patio de armas, pisó una mayestática escalinata y se detuvo ante la elegante puerta de cristal que parecía incrustada por manos profanas en la bovedilla del portal artísticamente cincelado.
La puerta se abrió, pero el lacayo de uniforme verde plateado que salió al encuentro de Andreas, poseía el poder de ahuyentar al valeroso conquistador del umbral de su paraíso. Dijo que la señora no estaba en casa. Bajo la primera impresión de esta noticia, el joven le entregó su tarjeta y la nota del doctor Bediener. De inmediato se dio cuenta de que no debía haberlo hecho. Miró pálido de ira a la desvergonzada cara del criado y estuvo a punto de darle un golpe. "Si no perjudicara a mis intereses", se dijo, "lo haría. Por lo demás, no puedo probarle su desfachatez, pues está disimulada, como siempre ocurre en tales personas".
Con el pecho oprimido por el peso de su esperanza destruida recorrió la calle hasta el final y se encontró en el Zoológico. Su ambición insatisfecha le llevó a deambular durante dos horas por los caminos cubiertos de hojas. Se sentía tan vacío y sin sentido como el día en que decidió abandonar el Café Hurra. Pero entre tanto, había dado unos pasos que no eran fácilmente repetibles. ¿Y si el descarado lacayo que le había mirado de arriba abajo como a alguien que busca un empleo, no entregara la tarjeta del jefe de redacción?

Fragmento de la novela En el país de Jauja, de Heinrich Mann, fallecido el 12 de marzo de 1950.
El 12 de marzo de 1922 nacía Jack Kerouac
El 12 de marzo de 1945 fallecía Ana Frank

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