sábado, marzo 17, 2007

William Gibson

Los ojos de unas prostitutas rusas lo siguieron desde las mesas de delante del bar, inexpresivas como muñecas en aquella luz de coleóptero. Las Natachas estaban en todas partes, muchachas trabajadoras enviadas desde Vladivostok por el Kombinat. Una cirugía plástica rutinaria les había impuesto la belleza dura de una línea de montaje. Barbies eslavas. Una operación más simple les había implantado un dispositivo de rastreo, para beneficio de los traficantes.
La escalera conducía a La Colonia Penitenciaria, una discoteca desierta a esa hora; unos pulsos de silenciosa iluminación roja marcaban los pasos de Laney a través de la pista de baile. Del techo colgaba una máquina extraña. Cada uno de los brazos articulados, que recordaban un anticuado equipo dental, terminaba en unas puntas de acero afilado. Plumas, pensó, que recuerdan vagamente el relato de Kafka. Sentencia de culpabilidad, grabada en la espalda desnuda del condenado. El molesto recuerdo de los ojos en blanco que no veían. Tiró de la máquina hacia abajo. Se adelantó.
Una segunda escalera, estrecha, más empinada, y entro en El Proceso, de techo bajo y oscuro. Paredes color antracita. Unas llamas pequeñas se movían detrás del cristal azul. Vaciló, envuelto en oscuridad, y dio un paso atrás.

Fragmento de la novela Idoru, de William Gibson, nacido el 17 de marzo de 1948.
El 17 de marzo de 1920 nacía Olga Orozco
Comentarios

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...