miércoles, enero 24, 2007

Edith Wharton

Archer había retomado todas sus viejas ideas heredadas acerca del matrimonio. Vivir conforme a las tradiciones y tratar a May exactamente igual que sus amigos trataban a sus esposas era mucho más cómodo que tratar de poner en práctica las teorías que había elaborado cuando era soltero y plenamente libre. No había motivo para tratar de emancipar a una esposa que no tenía la más remota noción de que no fuera libre; y ya hacía tiempo que había descubierto que el único uso de esa libertad que May suponía poseer sería depositar dicha libertad en el altar de su adoración de esposa. Su innata dignidad siempre le evitaría hacer el don de manera abyecta; e incluso vendría un día (como ya ocurrió una vez) en que encontraría fuerzas para retirarlo si pensaba que lo hacía para el bien de Archer. Pero con una concepción del matrimonio tan poco complicada y tan indiferente como la suya, tal crisis podría provocarla sólo algo visiblemente afrentoso en la conducta de su marido; y la delicadeza de sus sentimientos hacia él lo hacían impensable. Pasara lo que pasara, Archer sabía que ella siempre sería leal, valiente y sin resentimientos. Y eso lo comprometía a practicar las mismas virtudes.
Todo lo cual tendía a llevarlo de vuelta a sus viejos hábitos mentales.

Fragmento de La edad de la inocencia, de Edith Wharton, nacida en Nueva York el 24 de enero de 1862.
El 24 de enero de 1776 nacía E.T.A. Hoffmann
El 24 de enero de 1967 fallecía Oliverio Girondo

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