sábado, mayo 13, 2006

Daphne Du Maurier

En la pequeña Venecia también tenemos tránsito. Nada de góndolas por supuesto, cuyas agudas proas se balancean suavemente de un lado a otro, pero frente a mi ventana se deslizan barcazas cargadas de ladrillos, y a veces de carbón, cuyo negro polvillo ensucia el balcón. Si cierro los ojos, sorprendido por el repentino pitar de las embarcaciones, y escucho el incesante jadear de los motores, puedo imaginarme, siempre con los ojos cerrados, que estoy esperando el vaporetto, en una de las tantas escalas. De pie sobre la plataforma de madera, apretujado por una multitud parloteante, veo cómo de pronto bulle el agua y oigo vibrar el motor, mientras la embarcación aminora la marcha y se acerca de popa. El vaporetto ha arrivado al muelle. Subo, acompañado de la vocinglera turba, y partimos otra vez, haciendo hervir el agua con nuestra propia estela, mientras trato de decidir entre dirigirme directamente a San Marcos, la plazza y mi mesa habitual, o abandonar el vaporetto más adelante, en el Gran Canal, y prolongar así la exquisita espera.
Las pitadas cesan. La barcaza ya está lejos. No puedo decir hacia dónde se dirige. Cerca de Paddington hay un desvío, donde el canal se bifurca.

Fragmento del relato Ganímedes, de Daphne Du Maurier, nacida el 13 de mayo de 1907
El 13 de mayo de 1840 nacía Alphonse Daudet

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