lunes, mayo 08, 2006

Gustave Flaubert

El Grifo cava la tierra con sus uñas gritando como un gallo. Mil voces le responden. El bosque tiembla.
Y surgen toda suerte de bestias espantosas: el Tragélafo, mitad ciervo y mitad buey; el Mirmecoleo, león por delante y hormiga por detrás, con los genitales al revés; la serpiente pitón Aksar, de sesenta codos de longitud, la que espantó a Moisés; la enorme comadreja Pastinaca, que mata a los árboles sólo con su olor; el Presteros, que vuelve imbécil a quien lo toca; la Mirag, liebre cornuda que habita en las islas del mar; el leopardo Falmant, que revienta de tanto dar alaridos; el Senad, oso con tres cabezas, que despedaza a sus pequeñuelos con la lengua; el perro Capo, que derrama sobre las rocas la leche azul de sus mamas. Y hay mosquitos que zumban, sapos que saltan, serpientes que silban. Brillan los relámpagos y cae el granizo.
Las ráfagas traen anatomías maravillosas: cabezas de caimanes con pies de corzo, mochuelos con cola de serpiente, cochinillos con hocico de tigre, cabras con grupas de asno, ranas tan velludas como osos, camaleones tan grandes como hipopótamos, terneras con dos cabezas, una de las cuales llora y la otra muge; fetos cuatrillizos pegados por el ombligo y dando vueltas de vals como si fuesen peonzas; vientres con alas que revolotean como mosquitos.

Fragmento de Las tentaciones de San Antonio, de Gustave Flaubert, fallecido el 8 de mayo de 1880.

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