
En efecto, cuando se encuentra uno solo en un vasto recinto, ya sea un templo, un claustro o un palacio, se siente algo extraño o, por así decirlo, misterioso. Parece como que el monumento pesa sobre el hombre, que los muros le miran, que los ecos le escuchan y el ruido de sus pasos turba el venerable silencio de tal modo, que siente un temor involuntario y no se atreve a andar sino con respeto.
Así le ocurrió al principio al caballero; pero pronto pudo más la curiosidad, y le arrastró.
Fragmento de la narración El lunar, del escritor francés Alfred de Musset, fallecido el 2 de mayo de 1857.
Ya en la red la actualización de mayo 2006 de Ala de Cuervo y el nº 141 de Letralia
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