sábado, diciembre 09, 2006

Clarice Lispector

¿Por qué no intentar en este momento, que no es grave, mirar por la ventana? Éste es el puente. Éste el río. He ahí la Penitenciaría. Ahí está el reloj. Y Recife. Y el canal. ¿Dónde está la piedra que siento? La piedra que aplastó la ciudad. En la forma palpable de las cosas. Porque ésta es una ciudad realizada. Su último terremoto se pierde en la memoria. Extiendo la mano y sin tristeza recorro de lejos la piedra. Algo se endurece en la flecha de acero que indica el rumbo de Otra Ciudad.
Este momento no es grave. Aprovecho y miro por la ventana. He ahí una casa. Palpo tus escaleras, las que subí en Recife. Después, la pilastra corta. Estoy viéndolo todo extremadamente bien. Nada se me escapa. La ciudad trazada. Con qué ingeniosidad. Albañiles, carpinteros, ingenieros, santeros, artesanos (éstos contaron con la muerte). Estoy viendo cada vez más claro: ésta es la casa, la mía, el puente, el río, la Penitenciaría, los bloques cuadrados de edificios, la escalera vacía, la piedra.
Pero hete aquí que surge un Caballo. Es un caballo con cuatro patas y cascos duros de piedra, pescuezo potente, y cabeza de Caballo. He ahí un caballo.
Si ésta fue una palabra resonando en el suelo duro, ¿cuál es su sentido? Qué hueco es este corazón en el pecho de la ciudad. Busco, busco. Casas, calles, escalones, monumento, poste, tu industria.
Desde la más alta muralla, miro. Busco. Desde la más alta muralla no recibo ninguna señal. Desde aquí no veo, pues tu claridad es impenetrable. Desde aquí no veo, pero siento que algo está escrito a carbón en la pared. En una pared de esta ciudad.

El manifiesto de la ciudad, texto de Clarice Lispector, fallecida el 9 de diciembre de 1977.
El 9 de diciembre de 1910 nacía Jean Genet
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