domingo, octubre 15, 2006

Agustín García Calvo

Así que en la lengua no manda nadie, más que el pueblo, que no es nadie, y que para mandar en ella (en su repertorio de fonemas, en sus reglas de prosodia o de sintaxis) es preciso que, como una especie de senado subconsciente, no sepa lo que hace ni quiera hacerlo: al revés de los manejos políticos o culturales, a los que es inherente la pretensión al menos de que se sabe y se quiere hacer lo que se hace, como se ve también en el hecho de que se habla de ello, en los discursos de las Cámaras Altas y Bajas, en los artículos de críticos de Arte o entrevistas con artistas. Pero de la lengua no se habla (es ella la que habla de las otras cosas), si no es por pura equivocación y pedantería. No hay Poderes constituidos, no hay Individuos geniales, no hay Academias de la Lengua que puedan disponer ni cambiar nada en el cuerpo esencial del aparato de la lengua, ni inventar ni suprimir un solo fonema, ni mudar una regla de acentuación de las palabras, ni dictar una ley de construcción de sintagmas determinativos ni modificar por decreto la función de los mostrativos o de los cuantificadores que haya en el sistema de una lengua.
Y sin embargo, es error inherente a las almas de los cultos y poderosos el desconocer esa evidencia y el creer que sí que se le pueden, desde arriba, dictar normas a la lengua, creencia en la que arrastran de ordinario al vulgo semiculto, que para eso tiene la costumbre de prestar fe a las Autoridades. Es a esa intervención inoportuna de la conciencia y voluntad en los mecanismos de la lengua a lo que aquí denomino con el término técnico y preciso de pedantería.

Fragmento del artículo De lengua, pueblo y pedantes, de Agustín García Calvo, nacido en Zamora el 15 de octubre de 1926.
El 15 de octubre de 1923 nacía Italo Calvino
El 15 de octubre de 1926 nacía Michel Foucault
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