viernes, febrero 02, 2007

Ayn Rand

Se torturaba por cosas insólitas: por la calle donde él vivía; por el umbral de la puerta de su casa; por los automóviles que doblaban la esquina de su calle; éstos, en especial, la molestaban; deseaba poder desviarlos por la calle próxima. Contemplaba el cubo de la basura de la casa vecina y se preguntaba si estaría allí en el momento en que él se había marchado a la oficina aquella mañana: si él habría mirado el arrugado estuche de cigarrillos que estaba encima. Una vez, en el vestíbulo de la casa, vio a un hombre que salía del ascensor. Se sintió ofendida, durante un segundo, porque siempre había tenido la sensación de que él era el único habitante de la casa. Cuando subía en el pequeño ascensor automático, se apoyaba en la pared, con los brazos cruzados y con las manos abrazándose los hombros; se sentía recogida e íntima, como bajo una ducha caliente.

Fragmento de la novela El manantial, de Ayn Rand, nacida el 2 de febrero de 1905.
El 2 de febrero de 1882 nacía James Joyce
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