miércoles, febrero 28, 2007

Montaigne

Si de mí dependiera formarme a mi albedrío, creo que no hallaría ningún modo de ser, por óptimo que fuera, en el cual me resignara a fijarme para no poder desprenderme; la vida es un movimiento desigual, irregular y multiforme. No es ser amigo de sí mismo y menos todavía dueño, es ser esclavo de la propia individualidad el seguir incesantemente y el estar tan domado por las inclinaciones, que no nos sea dable rehuirlas ni torcerlas. Yo lo declaro en este punto por no poder fácilmente libertarme de la importunidad de mi alma, que comúnmente no acierta a solazarse sino allí donde encuentra impedimentos, ni a emplearse más que en tensión e íntegramente. Por insignificante cosa que se la procure, la abulta y alarga fácilmente hasta un punto en que halla labor para todas sus fuerzas; por esta causa la ociosidad del alma es para mí una ocupación penosa que quebranta mi salud. La mayor parte de los espíritus han menester de materia extraña para desadormecerse y ejercitarse, el mío siente igual necesidad para calmarse y detenerse: El trabajo nos libra de los vicios que a la ociosidad acompañan, pues su más laborioso y principal quehacer es conocerse a sí mismo. Los libros pertenecen para él al género de ocupaciones que le apartan de su estudio; ante los primeros pensamientos que le asaltan, agítase y da muestras de su vigor en todos sentidos, ejercitando sus facultades ya hacia el orden y la gracia, ya encontrando su natural asiento, moderándose y fortificándose. Tiene por sí mismo recursos con que despertar sus facultades, pues la naturaleza le otorgó, como a todos, suficientes medios para su utilidad a la vez que asuntos propios para inventar y discernir.
El meditar es un estudio poderoso y pleno para quien sabe tantearse y emplearse vigorosamente: yo mejor prefiero forjar mi alma que amueblarla. Ninguna ocupación existe ni más débil ni más fuerte que la de conversar con las propias fantasías, según sea el temple de espíritu que se posee, y con ello hacen su oficio las mayores: Para los cuales vivir es pensar; por eso la naturaleza la favoreció con este privilegio, consistente en que nada hay que podamos hacer tan continuamente ni acción a la cual nos sea dable consagrarnos más ordinaria y fácilmente. Es la labor de los dioses, dice Aristóteles, de la cual germinan su beatitud y la nuestra.

Fragmento del ensayo De tres comercios, de Michel de Montaigne, nacido en el Castillo de Montaigne el 28 de febrero de 1533.
El 28 de febrero de 1916 fallecía Henry James
El 28 de febrero de 1981 fallecía Álvaro Cunqueiro
El 28 de febrero de 2004 fallecía Carmen Laforet

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